estamos pensando...

Muere el niño prisionero de Mauthausen

José Alcubierre, deportado barcelonés, falleció este jueves en la localidad francesa de Angulema a los 90 años

2017-01-09 20:40:32

Permaneció cerca de cinco años en el campo de concentración nazi de Mauthausen en el que asesinaron a su padre

El pasado año se le otorgó la Legión de Honor francesa, pero nunca recibió el reconocimiento del Estado español

Carlos Hernández, eldiario.es, 06/01/2017

José Alcubierre, fotografiado en 2015 junto al retrato que los SS le hicieron en Mauthausen.

 Carlos Hernández

 

Una de las primeras cosas que hacía José Alcubierre cuando alguien le preguntaba por su terrible pasado era desabrocharse el botón del cuello de la camisa. Sus arrugadas pero firmes manos buceaban bajo su barbilla hasta dejar al descubierto una fina cadena de la que pendía un pequeño triángulo dorado: “Lo llevo siempre colgado del cuello —decía con la voz quebrada por la emoción—. Tiene grabados dos números: el 4.218, el número de prisionero que mi padre tenía en Mauthausen, y el 4100 que era el mío”.

Miguel Alcubierre fue asesinado por los nazis en marzo de 1941; su hijo José pasó cerca de cinco años encerrado entre las alambradas de ese siniestro campo de concentración alemán. Consiguió sobrevivir, pero durante el resto de su larga vida siempre arrastró un intenso dolor por todo lo que vio y sufrió; y muy especialmente por no haber podido hacer nada para salvar a Miguel. Este jueves, en el mismo momento en que comenzaba la noche más mágica del año, José falleció en la localidad francesa de Angulema y pudo, por fin, seguir los pasos de su padre.

Deportado a un campo nazi con 14 años

Nacido en Barcelona en el seno de una familia republicana, José Alcubierre solo tenía 10 años cuando se produjo la sublevación fascista. Durante la guerra perdió a uno de sus hermanos en el frente de Aragón, al tiempo que otro de ellos ocupaba un puesto de responsabilidad en la Generalitat de Cataluña.

En febrero de 1939, ante el ya imparable avance de las tropas franquistas, José y sus padres huyeron a Francia. Allí fueron recluidos primero en el campo de refugiados de La Combe AuxLoups y, finalmente, en Les Alliers, un recinto situado junto a la localidad de Angulema. Fue en este lugar donde les sorprendió la invasión alemana y en el que comenzó su viaje hacia el infierno.

El 20 de agosto de 1940, los soldados nazis obligaron a los habitantes del campo a subir a los vagones de ganado de un tren que les condujo hasta Mauthausen. “No sabíamos adónde nos llevaban —relataba Alcubierre—. Algunos decían que a Noruega, otros a Alemania... Hoy día lo puedo decir: si hubiésemos sabido lo que íbamos a sufrir, muchos nos habríamos tirado del tren o hubiéramos intentado escapar. Lamentablemente no lo sabíamos y no lo hicimos”.

Después de cuatro interminables días, el convoy cargado con 927 españoles se detuvo en la estación de un pequeño pueblo austriaco llamado Mauthausen. Las mujeres y los niños menores de 13 años permanecieron en el tren, mientras los SS obligaban a bajar al resto de los pasajeros. Entre ellos estaba José Alcubierre y su padre Miguel: “Empezaron las mujeres a chillar: ¡Mi marido! ¡Mi hijo! Aún parece que estoy oyendo los gritos de las mujeres, entre ellas mi madre”, recordaba, con lágrimas en los ojos, 75 años después de aquel dramático momento.

Padre e hijo pasaron juntos sus cinco primeros meses de cautiverio. A sus 14 años, José tuvo que afrontar una doble tortura: la que padecía en sus propias carnes y la que le provocaba contemplar las penurias y los malos tratos que sufría Miguel: “Yo tenía una admiración especial por mi padre. Esos meses junto a él fueron los más duros, moralmente fueron los peores. Yo le veía cada día subir de la cantera agotado, con la edad que tenía... Y cuando llovía le veía empapado, calado hasta los huesos…”.

José recordaba con especial angustia el día en que el hambre le empujó a hacer algo de lo que se arrepentiría el resto de su vida: “Una mañana viene mi padre y me da un pañuelo en el que estaba envuelto un pedacito de pan. Yo le dije: «Papá, ¿no has comido tu pan?»; y me dijo: «Cómetelo tú y ya está bien». Traté de replicarle pero insistió: «¡Cómetelo!». Yo no sé si por obedecer o porque tenía hambre me comí su pan. Yo, su hijo, me comí su pan”.

[Leer completo en eldiario.es]

Comentarios

Escribe tu comentario

Su Comentario

Su Nombre

humor.corto

ACTUACIÓN FIESTAS DE VERANO Todos los días, el grupo de música española: Alí Babá y los Cuarenta Genoveses. (Procurar no llevar carteras ni relojes)

>
Concurso de Micrrorrelatos Avilabierta

Lo último que hemos colgado

¿Quiénes somos? - Saliendo al paso - Aviso para navegantes - Contacto