estamos pensando...

18. Cuestiones para siempre sobre Inés [y III]

Algo detrás de todo, por J. Francisco Fabián.

2017-02-01 12:48:38

No dije nada de Inés. Hace mucho tiempo que dejé de hablar en mi casa de mis compañeras de trabajo porque advertí en mi mujer una cierta incomodidad, que seguramente tenía que ver con alguna forma de celos. Pero no pude dejar de pensar en todas las coincidencias que había vivido con Inés en unas horas. Me sentía desconcertado, sobre todo porque era una situación que no sabía cómo interpretar. Si al menos creyera en algo de algún más allá, hubiera visto en ello una prueba, una sospecha, pero no creo absolutamente en nada, ni he visto nunca pruebas de nada, ni siquiera deseo nada.Desde hace mucho es un tema que no me quita ni un minuto de mis pensamientos.

Al día siguiente de todo aquello era viernes. Desde primera hora, trabajando,  tuve que salir y cuando me quise dar cuenta, fue la hora de volver a casa. La verdad es que no me acordé mucho de lo del día anterior, solo me quedaba en la trastienda de mi mente una especie de runrún intranquilo que venía de vez en cuando, pero al no tener explicaciones posibles, se iba de nuevo. En el fin de semana tuvimos que llevar a mi suegra a urgencias porque el dolor del costado le impedía respirar bien estando en la cama. Como tuvimos que ingresarla en observación, estuvimos solo pendientes de ella. La cosa duró casi una semana entre hospitalización, visitas y consultas. Y así llegó la Navidad, para la que yo tenía reservadas unas pequeñas vacaciones detraídas de las de verano. Cuando volví, en uno de esos comentarios con los compañeros en los que se dice cómo ha ido todo, alguien contó que a Inés le había dado un ictus muy grave en Madrid y que en realidad no se sabía cómo estaba. Ninguno supo decir cuándo había sido exactamente, porque llevaba tiempo sin ir al trabajo a causa de sus conocidas migrañas. Aseguré haberla visto el día que recordaba. Una compañera dijo que eso se lo habían dicho a ella también y que al parecer estando de baja, habría acudido una tarde a buscar algo que tenía en los cajones de la mesa. Pregunté en la sección de Personal y me dijeron que cuando yo la había visto llevaba ya al menos 15 días sin trabajar. Tampoco allí supieron decirme cuándo había sufrido el ictus ni yo quise preguntar más detalles.

Algunos días después supimos de la muerte de Inés en una clínica de Madrid. Al parecer había sucedido durante la Navidad, pero con las fiestas su familia se olvidó de comunicarlo. Su hermano llamó para solucionar los temas administrativos. No quisieron hacerle muchas preguntas dada la situación. Solo se supo que había sido una complicación del ictus.

No le he contado a nadie lo que sucedió el último día que la vi. No se aclararía nada con ello, al contrario: cada cual daría una versión adaptada a su personalidad, a sus creencias, a sus sospechas y a lo que necesitara creer de todo ello, aumentando y deformando lo que en realidad pasó. Incluso habría quién fuera mucho más allá, porque hace ya unos años dio que hablar que Inés y yo saliéramos con frecuencia a tomar café a media mañana. Tanto que tuvimos que dejar de hacerlo. Como si los supuestos amantes hicieran las cosas tan a las claras. Por mi parte no sé qué pensar. He sido toda mi vida un escéptico con las creencias, los milagros, las apariciones y los más allá. Quiero seguir pensando como antes: que determinadas casualidades excitan nuestra imaginación, receptiva siempre a encontrar razones para creer en lo que no existe. Pero me queda una duda.

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humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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