estamos pensando...

NO VER, NO OÍR, NO DECIR

Arevaceos. Narrativa y naturaleza

2017-02-02 01:37:45

Los tres momos sabios, en una gran parte del lejano oriente, es una norma moral, casi una filosofía. Entre el pueblo japonés durante la Edad Media el sentido de esta manera de pensar era, simplemente, dejarse dominar por el poder, un código de conducta que recomendaba prudencia para no ver ni oír la injusticia, así como no hacer pública ninguna protesta.

Pero no hace falta irse tan lejos para encontrar la misma corriente de pensamiento impuesta por las clases dominantes desde tiempos inmemoriales.  Aquí ha sido y es un recurso tácito, una norma no escrita. No hace tanto se imponía por el miedo, de tal manera que aquel que veía o escuchaba algo que no le convenía al poder establecido era castigado con dureza. Y no digamos si decía algo inconveniente para las clases dominantes, entonces el castigo se podía convertir en la muerte del que se había ido de la lengua e, incluso, de aquellos que le habían escuchado.

Esa conducta agresiva utilizada por aquellos que tenían el poder hacia los que se salían del tiesto, mantenida durante tanto tiempo, generó un miedo atávico que aún perdura en la actualidad. Desgraciadamente la frase de “ver, oír y callar”, todavía es de uso corriente y, lo peor de todo, que se usa como norma vital.

Pongamos algunos ejemplos concretos referidos a nuestro querido Arévalo para que nos orienten sobre lo que estamos explicando.

- Si pasas por el puente del Cementerio, no mires el estado ruinoso en el que se encuentra el viejo monumento mudéjar. Aunque una tercera parte de su estructura se haya caído ya al lecho del Adaja, para qué vas a mirar y llevarte un mal trago sobre el estado de un monumento importante de nuestra historia que fue una de las cinco puertas de la amurallada ciudad de Arévalo. No, no merece la pena, no mires.

- Si alguien te dice que el río Arevalillo podría tener agua de forma permanente o intermitente regulada desde el embalse de las Cogotas, no escuches. No, ni se te ocurra. Aunque te digan que beneficia al acuífero del que nos abastecemos, aquel con el que regamos nuestros cultivos o del que bebemos, cocinamos o nos lavamos. Aunque te digan, que aumentaría la biodiversidad de río y ribera, aunque te digan que se recuperarían lagunas y lavajos perdidos o que aumentaría la oferta de ocio y turística de la zona. Ni con esas, ni se te ocurra escuchar.

[Leer completo en arevaceos.com]

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