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Expresionismo Abstracto

Guggenheim Bilbao. El blog de Raúl Romero

2017-02-06 10:47:43

5 febr 2017

Ya está inaugurada en el Museo Guggenheim Bilbao la exposición “Expresionismo Abstracto”, una ambiciosa selección de obras de los artistas que protagonizaron un giro radical y una etapa de nuevo esplendor de la pintura en el Nueva York de la década de 1940. Jackson Pollock, Mark Rothko, Willem de Kooning, Robert Motherwell, David Smith o ClyffordStill son solo algunos de los artistas presentes en una muestra que reúne más de 130 pinturas, dibujos, esculturas y fotografías procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo. Esta exposición arroja una nueva luz sobre el Expresionismo Abstracto, un fenómeno diverso, complejo y poliédrico, a menudo erróneamente percibido como un todo unificado, revisando la idea de que estuviera centrado exclusivamente en la ciudad de Nueva York, e incluye a figuras de la costa oeste como Sam Francis, Mark Tobey y Minor White.

A diferencia del Cubismo y el Surrealismo que le precedieron, el Expresionismo Abstracto escapa de toda fórmula establecida y supone una celebración de la diversidad y la libertad individual a la hora de expresarse. Eran los años del free jazz y la poesía de la generación beat, con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo, y un grupo de artistas rompieron con las convenciones establecidas dando lugar a un movimiento que nace de una experiencia artística y vital común en el que, sin embargo, cada uno de ellos tenía su propio estilo.

Son características de este movimiento las obras de escala colosal, en ocasiones intensas, espontáneas y sumamente expresivas, y en otras ocasiones más contemplativas, a través de grandes campos de color. Estas creaciones redefinieron la naturaleza de la pintura y aspiraban no solo a ser admiradas desde lejos sino también a ser disfrutadas como encuentros bidireccionales entre el artista y el observador. A la vez que el autor expresa sus emociones y transmite la sensación de hacerlas presentes en la obra, la percepción del espectador constituye el elemento final de esta interacción. Así, “La pintura abstracta es abstracta. Se enfrenta a ti”, como afirmaría Pollock en 1950, pudiendo la intensidad de este encuentro verse acentuada por la forma de exhibir la obra, tal y como ocurre en la Capilla Rothko en Houston.

Obra temprana.

Los primeros años del Expresionismo Abstracto reflejan la época aciaga en la que surge el movimiento, marcada por las dos Guerras Mundiales o la Gran Depresión, como se aprecia en los tenebrosos esqueletos de la serie de Jackson PollockPaneles sin título A–D (UntitledPanels A–D, 1934–38), en la arquitectura representada por Mark Rothko en Interior (1936), o en la obra de Philip GustonEl porche (ThePorch, 1946–47), donde la figura humana aparece amenazada y adopta un tono macabro, con una clara influencia del Holocausto. En la década de 1940 estas connotaciones evolucionaron hacia un lenguaje más universal que incluía la creación de mitos —como Mujer idólatra I (Idolatress I, 1944) de Hans Hofmann—, arquetipos —como los totémicos Masculino y femenino (Male and Female, 1942–43) de Pollock —, y formas primitivistas —como los salvajes biomorfos de Ondulación (Undulation, ca. 1941–42), de Richard Pousette-Dart—. Willem de Kooning confiere una sensibilidad subjetiva a motivos abstractos en Sin título (1939–40), mientras que William Baziotes, GeromeKamrowski y Pollock presentan en la obra que hicieron en colaboración Sin título (1940–41) otra tendencia en auge que consistía en permitir que la pintura fluyera casi a su antojo.

Jackson Pollock. “Mural”, 1943. Óleo y caseína sobre lienzo 243,2 x 603,2 cm.
TheUniversity of Iowa Museum of Art. Donación de Peggy Guggenheim, 1959.6
© ThePollock-KrasnerFoundation, VEGAP, Bilbao, 2016

La audacia de dos mujeres.

Si bien los Expresionistas Abstractos que mayor proyección alcanzaron fueron en su mayoría hombres, esta se debió, en parte, al apoyo y determinación de dos mujeres: Peggy Guggenheim y Betty Parsons. Estas dos galeristas abordaron el mercado del arte de manera distinta, algo que fue patente en diversos aspectos, desde el diseño de sus espacios expositivos hasta las relaciones y acuerdos que alcanzaron con los artistas a quienes respaldaron. La singular Art of This Century, diseñada en su totalidad por Frederick Kiesler para Peggy Guggenheim, contrastaba con los modernos espacios blancos y abiertos de la Betty Parsons Gallery. Mientras que para la primera su faceta de coleccionista y mecenas estaba muy ligada a sus relaciones con los artistas, la segunda estableció contratos detallados con ellos, al tiempo que les otorgó libertad para disponer sus propias exposiciones.

Leer completo en raulromeroarte.com]

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