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Los saqueos destruyen para siempre ciudades milenarias de Irak y Siria

Al margen de la barbarie del ISIS, un expolio masivo desde hace años convierte cientos de yacimientos arqueológicos en paisajes lunares, irrecuperables para la investigación

2017-02-27 00:21:36

Iñigo Domínguez, Madrid, EL PAÍS, 26 FEB 2017

Dos beduinos observan una tumba sumeria cerca de Dhahir, en Irak, en mayo de 2010. (FOTO: Holly Pickett/The New York Times)

 

Las primeras ciudades de la historia, donde empezó todo, la escritura y la civilización, están desapareciendo para siempre en Siria, y antes en Irak, arrasadas por saqueos a punta de pico y pala, a veces incluso con excavadoras. Cuadrillas de cien o doscientos hombres, pagados con pocas monedas, agujerean urbes sumerias o asirias de hasta hace cuatro mil años, enterradas a muy poca profundidad, a veces solo medio metro. Sacan piezas de gran valor que cruzan las fronteras a través de Turquía, Líbano y Jordania, y grandes traficantes las venden a anticuarios y casas de subasta en Europa, Estados Unidos y los países del Golfo. Londres es una de las capitales de este comercio ilícito. Es un enorme mercado negro que se desborda por Internet y acaba en grandes colecciones privadas, que se están creando de forma oculta y escapan al estudio. “Los medios solo se hacen eco de las destrucciones del ISIS en Palmira, Nimrud o Nínive, pero este otro expolio es devastador y sistemático, no tiene comparación en la historia moderna y apenas se habla de ello, es una tragedia para la historia de la humanidad”, explica muy preocupado Manuel Molina, profesor investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Tras el paso de los buscadores de tesoros, estos lugares quedan convertidos en paisajes lunares, machacados, perdidos e irrecuperables para la arqueología. Ya no se puede trabajar más allí, por no hablar de la preciosa información perdida por haber excavado sin ningún rigor científico. Es una tragedia conocida en el mundo académico, que puede ser muy pequeño y le cuesta hacerse oír: Molina, por ejemplo, es uno de los únicos nueve asiriólogos que hay en España. Este saqueo masivo, en segundo plano en los llamamientos internacionales, se lleva a cabo en cientos de yacimientos desde que están en zona de guerra. Hace años que no pisa por allí un arqueólogo. En Irak el expolio comenzó tras la primera guerra del Golfo, en 1991, sobre todo a raíz del embargo, que empujó a los iraquíes a la búsqueda de cualquier ingreso, y se disparó a partir de la segunda, en 2003. En Siria, desde que empezó el conflicto, en 2011.

Los saqueos, obra del ISIS, de todas las facciones en guerra y de bandas organizadas, han destrozado casi por completo lugares clave de la arqueología y fundamentales para la historia. Como Umma, una de las primeras ciudades sumerias, de las más antiguas que se conocen, donde comenzó la escritura; Mari, del III y II milenio a. C., célebre por sus archivos del palacio paleobabilónico; Ebla, del III milenio a. C., la ciudad más importante en la región en esa época, donde se encontraron tablillas con la lengua semítica más antigua descubierta; Dura Europos, de época helenística, del siglo III a. C. ahora cubierta de zanjas. En Siria hay que sumar el saqueo de grandes museos como el de Alepo, Idlib, Deir Ezzor y otros, porque las autoridades habían dispersado sus antigüedades en muchas pequeñas sedes.

Un fenómeno sorprendente, pero que da idea de la escala de las excavaciones clandestinas, es que los propios saqueadores están descubriendo ciudades antiguas, hasta ahora sepultadas y solo conocidas por textos, que los estudiosos aún no sabían dónde estaban. Y siguen sin saberlo, aunque al menos les consta que ya se han descubierto, por las piezas que circulan clandestinamente.

La situación en Siria es terrible. La gente excava por poco dinero, lo hace para sobrevivir, pero todo está organizado por grupos especializados y mafias internacionales”, señala Isber Sabrine, arqueólogo sirio exiliado en España, antiguo empleado de la Dirección General de Antigüedades de Damasco y actualmente colaborador del CSIC. Fundó hace cuatro años en Girona la ONG Heritage for Peace (Patrimonio por la paz), que impulsa iniciativas que ayuden a proteger los yacimientos sirios. Por ejemplo, mantiene una red de contactos sobre el terreno para intentar llevar un mínimo control de lo que está pasando en cada zona.

[Leer completo en cultura.elpais.com]

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