estamos pensando...

19. Preguntas, preguntas... [II]

Continuación del relato de J. Francisco Fabián, Algo detrás de todo

2017-03-20 09:30:59

Durante todo el día siguiente en el hospital no paré de buscar una manera de avanzar en aquel asunto. Allí planeé mover ficha para ver cómo reaccionaría ella, aunque cuando se está nervioso se corre el riesgo de desvariar sin darse cuenta. Después de trabajar, lo primero que hice al llegar a casa (mi mujer estaba de nuevo a visitar a sus padres) fue ir a buscar las bragas que tenía escondidas para meterlas en su cajón entre las demás. Si eran las suyas realmente se bloquearía al verlas donde no las esperaba, porque las sabría perdidas. Es supersticiosa y llega a creer a veces en cosas inverosímiles. Si las veía y no eran las suyas, se preguntaría por qué había dos iguales. Tendría que explicarle entonces la verdad. Recordaría mis preguntas anteriores y tendría que convencerla de que no había sido un asunto de desconfianza. Pero si no la convencía, la desconfianza no confirmada le  provocaría decepción. (A veces enreveso mis pensamientos con conjeturas sobre lo simple).

Cuando abrí el cajón, antes de decidir nada, las vi enseguida bien dobladas en primer plano. Ahora estaban allí. Ella las había colocado uno o dos días antes. No sabía qué hacer, precisamente no estaba previsto encontrarlas. Se me ocurrió, para eliminar posibilidades, acudir a la tienda de lencería a ver si permanecían en el escaparate las que habían dado lugar al principio de todo aquel enredo. Llegué sin aliento porque eran casi las dos e iban a cerrar y por la tarde estaría ella ya en casa. En el escaparate no estaban como habían estado. Como cuando se está excitado, no se piensa o se piensa mal, así que me metí en la tienda sin más. Una muchacha recogía y doblaba sujetadores para meterlos en unas cajas. Le pregunté por las del escaparate y me dijo que las habían vendido uno o dos días antes, no se acordaba bien. Faltó poco para que le preguntara detalles sobre la persona que las había comprado, pero eso lo tendría que haber tenido bien pensado, porque improvisarlo levantaría sospechas. Al oírlo salió una señora de la trastienda, que debía ser la madre de la dependienta. La reconocí como la que me las había vendido tiempo atrás y creo que ella a mí también por la forma de mirarme, aunque eso puede que sean cosas mías. Es posible, también, que me conociera del hospital y además de eso, porque no muchos hombres, quizá, eso no lo sé, vayan comprándole bragas sexis a sus mujeres. Podemos pedirlas a la casa que las fabrica, me dijo. No se moleste, repliqué. Pero como era una vendedora, insistió: Si tiene tanto interés… en dos días o menos están aquí. Bueno, pues vale, le dije también sin pensarlo. Se las dejé incluso pagadas, empeño mío. Quizá en dos días se me ocurría algún detalle más para investigar.

De camino a casa era una pesadilla andante: me había encontrado unas bragas en extrañas circunstancias. Eran iguales a las que le había regalado a mi mujer. Las suyas no estaban donde debían estar. Luego podrían esas las suyas y haberlas perdido en mi ausencia, pero también podría ser una casualidad de las que a veces se dan en la vida de una forma inexplicable. Las del escaparate las habían vendido dos días antes y de nuevo habían aparecido en el cajón de su armario. Yo tenía las encontradas y, además, en dos días iba a tener otras iguales. Contarle todo (y descargarme con ello), si no era culpable, iba a provocar una situación muy fea por mi desconfianza y si era verdad, no sabía cómo reaccionaría, seguramente negándolo y poniéndose contra mí como defensa. La conozco bien. ¿Y si se enteraba de mi encargo en la tienda? Sin duda no iba a creerse que eran también para ella. Si se le mete otra idea en la cabeza, no se la saco yo con ningún argumento… Nunca. ¿Qué podría hacer? ¿Cómo me haría convincente diciéndolo? ¿Me convencerían sus razones fueran las que fueran? ¿Sería capaz de olvidarlo, tanto si era lo que no deseaba que fuera como si no lo era?...

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—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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