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Urge el Estado laico

El BOE acaba de publicar las disposiciones que desarrollan el Acuerdo de Cooperación existente entre el Estado Español y la Comisión Islámica de España (ver aquí), un acuerdo por el que se garantiza a los alumnos musulmanes, a sus padres y a los órganos escolares de gobierno que lo soliciten, el derecho de los primeros a recibir Enseñanza Religiosa Islámica en los centros docentes públicos y privados concertados. Igual que ocurre ya con otras confesiones como la católica, la evangélica o la judía, el Boletín Oficial reconoce que, la determinación del currículo y de los estándares de aprendizajes evaluables que permitan la comprobación del logro de los objetivos y adquisición de las competencias correspondientes a la asignatura de Religión, será competencia de las respectivas comunidades religiosas (en este caso de la comunidad musulmana). Se añade que la utilización de los libros de texto, de los materiales didácticos y la supervisión y aprobación de los mismos corresponden a las autoridades religiosas respectivas, de conformidad con lo establecido en los Acuerdos suscritos con el Estado español.

2015-01-14 18:49:59

            En nuestra opinión, se trata de un paso más hacia un absurdo guirigay confesional. De seguir así las cosas, pronto necesitaremos no sólo colegios católicos, judíos, protestantes, islámicos, ortodoxos, budistas, seguidores de la fe baha´i, etc., etc. Necesitaremos también subdividir a algunos de estos grupos que, aparentemente, se confiesan hijos de un mismo dios, pero que se odian entre sí y hasta se matan si llega el caso. Con los musulmanes habrá que hacer diversos apartados en los que se diferencien claramente chiíes y suníes, wahabitas y salafistas, etc. Lo mismo ocurrirá con los cristianos bautistas, luteranos, calvinistas, carismáticos, evangélicos, pentecostales, católicos… ¿Por qué prestar mayor atención a unos dogmas que a otros y por qué no llevar ese absurdo hasta sus últimas consecuencias? ¿Por qué no organizar también un currículo doctrinal para quienes se proclaman agnósticos o ateos?

            Consideramos que el hecho religioso es una realidad. En “Ávila Abierta” le damos la gran importancia histórica y social que tiene, pero se trata de un hecho privado e íntimo, por lo que el adoctrinamiento en cualquier fe no forma parte de las competencias educacionales de la comunidad en su conjunto. En las escuelas y colegios quizá se puedan impartir clases sobre la Historia de las Religiones, de todas las religiones o, al menos, de aquéllas que alcanzaron mayor protagonismo, clases que no deben servir jamás para catequizar a nadie y que, de existir, han de estar controladas siempre y plenamente por el Ministerio correspondiente y no por autoridad religiosa alguna. En la resolución del BOE a la que nos estamos refiriendo, se detallan curso por curso los contenidos religiosos que los seguidores de Mahoma recibirán, los criterios de evaluación y los estándares de aprendizaje evaluables.

            Urge una España laica de verdad, sin fobias contra lo sagrado, sin exaltados que pretendan servir la separación entre Iglesia y Estado quemando templos o fusilando a las gentes que se inclinan por una determinada fe. Pero urge abandonar para siempre la idea de que los gobiernos son responsables de las conciencias de sus ciudadanos. El laicismo, al tiempo que preconiza la convivencia pacífica de lo dispar, no se identifica con las teocracias, con los que confunden pecado con delito, con los que identifican el creer y el saber, con los que mezclan leyes y mandamientos, con los que tienden a que las sociedades se rijan por libros “sagrados” y no por códigos civiles. Ninguna sociedad democrática tiene el derecho de impedir a nadie que crea lo que le venga en gana, pero tampoco tiene la misión de encargarse de catequizar a quienes forman parte de ella. Tanto el pasado como el presente nos demuestran que no hay peor enemigo de un dios que otro dios y las democracias auténticas bastante tienen ya con arbitrar el entendimiento entre todos, no dando pábulo a los sectarismos ni a las apasionadas tensiones que con frecuencia nacen entre confesiones distintas.

            En resumidas cuentas, opinamos que habría que denunciar todo acuerdo entre el Estado Español y cualquier Iglesia. Empezando por el que España firmó con la Santa Sede en la Ciudad del Vaticano el 3 de enero de 1979. Es el primer acuerdo en el que se establece que los planes educativos incluirán la enseñanza de la religión católica en todos los centros de educación, en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales. Subrayándose que la enseñanza religiosa será impartida por aquellas personas que el Ordinario diocesano proponga (es decir, por el obispo del lugar). Con antelación suficiente, el Ordinario diocesano comunicará los nombres de los profesores y personas que sean consideradas competentes. 

            ¿Con un precedente así (y lo decíamos anteriormente) cómo impedir que quieran ser tratados en igualdad de condiciones los ortodoxos, los pentecostales, los evangélicos, los carismáticos, los calvinistas, los luteranos, los bautistas, los seguidores de la fe baha´i, los budistas, los judíos, los salafistas, los wahabitas, los suníes, los chiíes que habitan entre nosotros? ¿Cómo impedir el caos y la locura en un tema tan delicado, tan vidrioso, tan emocional como éste? El Estado aconfesional del que habla nuestra Constitución, y que ciertos dirigentes políticos lo entienden de un modo bastante extraño, debemos convertirlo cuanto antes en un Estado de indubitable laicismo positivo.

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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