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El periodista Raúl del Pozo publica El último pistolero (Círculo de Tiza), una selección de sus mejores columnas

2017-05-20 13:06:19

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Edu Galán, eldiario.es, 19/05/2017

Raúl del Pozo / Foto: David Conde

 

Raúl del Pozo (Mariana, Cuenca, 1936) se ríe mucho y habla con el orden de quien ha pensado. Acaba de publicar El último pistolero (Círculo de Tiza), una selección de textos de sus últimos treinta años como columnista, especialmente en el diario El Mundo, donde hay política, literatura u opinión con un estilo único.

Lo que no sabíamos en el momento de esta entrevista es que, poco después, Del Pozo sería distinguido con la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha de este año.

Lo que le preguntarán siempre: ¿por qué columnista y no funcionario, abogado, jornalero, como su padre en Cuenca, o, algo peor, poeta?

Porque es lo que aprendí. No sé hacer otra cosa: no sé poner una bombilla. Cualquier otra cosa que hago, destruyo. Es un bonito oficio, sobre todo en este momento. Que digan lo que quieran: con todas sus contradicciones los columnistas hemos sido parte de la cabeza de puente de la democracia española.

Aunque hay que tener claro que vivimos en una época de Fahrenheit 451. Como sabes, allí el papel se quema y el mundo se queda sin lecturas. No nos vamos a quedar sin lecturas, pero el papel se está quemando.

En este momento hay que decir que la democracia no se ha podrido porque los periodistas hemos sido la cabeza de puente contra una corrupción que ha sido trujillesca. No hay precedentes: ni en Italia. Allí los mafiosos eran unos choricillos al lado de Pujol, Rato o Ignacio González.

¿Usted trató a alguno de los que acaba de citar? Y la pregunta lógica: ¿lo veía venir?

A Rato, un poco. A pesar de lo que te acabo de decir, que hemos sido los ojos de la democracia, no veíamos lo que pasaba por debajo de nosotros, en las cloacas. No sabíamos la riada de basura que bajaba. Éramos verdaderamente inocentes, hasta un poco estúpidos.

¿Fueron inocentes o había algo más allá, me refiero a publicidades y querencias de grandes empresas o institucionales?

Efectivamente todos los periódicos tienen o han tenido compromisos con las grandes empresas, pero yo he estado en algunos como la revista Interviú que era libre como un demonio, o en El Independiente, que fuimos los primeros que comenzamos a denunciar la corrupción y el crimen de Estado. Y luego El Mundo en los noventa, digan lo que digan, era un periódico estigmatizado en aquel tiempo. La gente lo llamaba "basura" pero era un periódico, visto desde ahora, legendario. Y no lo digo porque trabaje en él, lo digo objetivamente: con todas sus contradicciones, con todos sus errores, El Mundo ha sido un periódico legendario para la democracia.

¿Cuál cree que ha sido el error de El Mundo, si lo ha tenido?

Seguramente el haber entrado en el baile de la teoría de la conspiración, a mí, en todos sus años de vida, es lo único que no me ha gustado.

Usted nunca ha mandado en un periódico y tengo la sensación de que le da igual pero, ¿quién le ha mandado a usted mejor?

Por ejemplo, Emilio Romero para mí ha sido un director maravilloso en Pueblo. Cuando murió, no fueron ninguno de los toreros, de los escritores, de los políticos, a los que había ayudado. Solo fuimos Carmen Rigalt y yo al entierro. Fue casi clandestino, como si Emilio fuera el único franquista.

Como director de periódico era extraordinario: le bailaban las noticias en las manos. Quitando la sumisión al franquismo, que tenían todos los periódicos, era un diario avanzado para su época.

"Una columna tiene forma de tumba, y entre los deberes del columnista está enterrar a los muertos", escribió. ¿Quiénes son sus muertos?

A mí me jode esto mucho. Como ya se me muere mucha gente, cuando a alguien le toca, desconecto el teléfono para no escribir el obituario. Me jode ser enterrador. Dice Sartre que hay enterradores que son comunistas. Y aunque los haya, es un oficio jodido. No me gusta enterrar.

[Leer completo en eldiario.es]

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