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Carta a Pedro Martínez Montávez

En las fronteras del prólogo

2017-05-22 01:23:33

Luis García Montero, infoLibre,  19/05/2017

Querido Pedro, no sé si te vas a creer que he leído con emoción tu último libro, En las fronteras del prólogo (CantArabia, 2017). Leer con emoción un volumen de reflexiones eruditas y de planteamientos intelectuales, que no pertenece además a la disciplina propia, es un fenómeno extraño. Pero, bien lo sabes, hay tipos de extrañeza que provocan cercanía. Va con el oficio del poeta y del humanista. De pronto he sentido la coherencia íntima de una idea: reunir los prólogos que has escrito a lo largo de tu vida profesional. El resultado es el testimonio de una vocación, el compromiso profesional y humano a la hora de difundir la cultura árabe en España.

Porque en este libro se juntan el rigor del estudioso con la pasión del humanista que se esfuerza en borrar prejuicios y combatir la ignorancia interesada sobre una parte de la cultura que tiene mucho que ver con nuestra historia y con el conocimiento de nuestro presente. Aquí no sólo está el intelectual, está también el maestro, el maestro de maestros, alguien que deja huellas de su experiencia propia cuando mira por otros ojos y habla de los demás.

Hace muchos años cayó en mis manos tu Poesía árabe contemporánea (1958). Desde entonces he acudido por diversas razones a libros tuyos como Introducción a la literatura árabe moderna (1985), Literatura árabe de hoy (1990), Al-Andalus, España, en la literatura árabe contemporánea (1992) o Significado y símbolo de Al-Ándalus (2011). Con tu ayuda he comprendido mejor la poesía de autores como Adonis, Abdel Wahhhab al-Bayati, Nizar Quabbani y Mahmud Darwish. Pese a todas las exageraciones entusiastas que tú mismo señalas, hay bastante verdad en la famosa frase de Quabbani: “Entre los europeos, todos los caminos conducen a Roma. Entre los árabes, todos los caminos conducen a la poesía”. Déjame que arrime el ascua a nuestra sardina.

Pero, como te digo, en esta reunión de prólogos emociona el empeño vocacional de ir durante muchos años contra un desconocimiento generalizado que con frecuencia se convierte en caricatura. En la época de la comunicación, la ignorancia completa deja de ser un refugio cómodo. Siempre hay datos, noticias, rumores, ruidos de un mundo globalizado. Por eso se pasa del mutismo a la caricatura, de lo olvidado a lo grotesco, y se sustituye la simple realidad borrada por un dibujo reduccionista y despreciador. El mundo árabe ha soportado entre nosotros la condena a esos rincones de la desatención, el desprecio y la farsa. Un siglo XX circular desembocó en el siglo XXI sin superar las dinámicas del colonialismo. La crisis en la identidad árabe, la crisis en el mundo occidental, las nuevas formas de colonialismo y de disidencia han situado de nuevo al “moro” en el centro de muchos debates. Y la caricatura ha sido el mejor recurso del pensamiento reaccionario. Frente a los prejuicios, las manipulaciones y la ignorancia, cobra sentido la voluntad de tu vocación cumplida.

Eso es lo que he visto en esta reunión de prólogos. El maestro presenta a sus colegas y con su propia experiencia acentúa el sentido del saber, el empeño educativo que une el rigor y el deseo de comunicación. Palabras como firmeza y conocimiento se unen con frecuencia a palabras como ponderación y equidad. Y como no has querido limitarte en la labor de prologuista a resumir las ideas de los autores de los libros, has ido dejando en estas páginas regaladas muchas huellas de tu experiencia y una valoración sucesivas de las diversas situaciones del arabismo en España a través de sus crisis y sus posibles renacimientos.

Al hablar del trabajo de tus discípulos, personas como Rosa-Isabel Martínez Lillo, tu hija, autora del hermoso prólogo de este libro de prólogos, o como Carmen Ruiz Bravo-Villasante, Maribel Lázaro e Ignacio Gutiérrez de Terán, confiesas sentimientos que tienen que ver con el diálogo y la articulación generacional: “Una de las mayores satisfacciones que propicia la labor universitaria es el hecho de poder contribuir a la formación académica y profesional de personas que vienen después de nosotros”. El sentimiento de orgullo al saberse heredero de buenos maestros queda incompleto si el legado no puede dejarse en manos de los más jóvenes. Esa dinámica tiene mucho que ver con lo mejor de nuestro oficio.

[Leer completo en infolibre.es]

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