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Biblioteca de Mujeres

Un cuarto propio para la Biblioteca de Mujeres de Madrid

2017-05-31 11:39:53

Es mayo de 2017 y las instituciones todavía no se han puesto de acuerdo sobre dónde alojar una de las mejores bibliotecas que hay en Europa a disposición de cualquier persona.

Carmen G. de la Cueva, ctxt.contexto y acción,  número 118, 24/05/2017

Marisa Mediavilla sostiene uno de los ejemplares de la Biblioteca de Mujeres. 

 

 “No quiero que ninguna mujer llegue a los treinta años como yo: sin saber quiénes fueron Clara Campoamor y Carmen de Burgos”. Esta fue la respuesta de la bibliotecaria Marisa Mediavilla cuando le pregunté por qué creía necesaria la existencia de las bibliotecas de mujeres. “Porque soy mujer y las he echado de menos”. Antes de que se le pasara por la cabeza la idea de crear la Biblioteca de Mujeres de Madrid, a sus treinta años, Marisa comenzó a recorrer las librerías y mercadillos de viejo de la capital buscando libros escritos por mujeres. “Si llegaba otra guerra civil, al menos yo tendría aquellos libros. Viví esos años con la sensación de querer hacer acopio por lo que pudiera venir”. Salió de la universidad sin que nadie le nombrara a ninguna autora. “Recuerdo que empecé a leer la vida de Emilia Pardo Bazán y una biografía de Concepción Arenal escrita por la Condesa de Campo Alange. Tenía alrededor de treinta años y era entonces cuando empezaba a preguntarme el porqué de ciertas cosas. Sentía la necesidad de aprender como mujer. Desde pequeña siempre había tenido dos cosas claras en la vida: que no me iba a casar y que no iba a tener hijos”.

¿Por qué ese silencio en torno a la obra de las mujeres? En su ensayo Sobre mentiras, secretos y silencios (1979), AdrienneRich escribió que uno de los mayores obstáculos que encuentra cualquier escritora feminista consiste en que cada trabajo feminista, tiende a ser percibido como si saliera de la nada, como si cada escritora no hubiera vivido, pensado y trabajado con un pasado histórico, con una genealogía a la que agarrarse. De esta forma, según Rich, el trabajo y pensamiento de las mujeres resulta esporádico, errante, huérfano de cualquier tradición propia.

Mientras conversamos, Marisa recorre las estancias de su casa en el barrio de Malasaña sacando de armarios y estanterías algunas de las singulares obras de la Biblioteca de Mujeres que esperan pacientemente un espacio propio. “El proyecto nació ante la inexistencia de centro públicos especializados en el tema. Eso suponía que la información necesaria para cualquier tipo de trabajo o investigación sobre mujeres estaba dispersa, perdida en fondos generales, o no existía. Localizarla y reunirla constituía un esfuerzo enorme, que debía repetirse una y otra vez. Se trataba, por tanto, de crear un espacio donde la información pudiera acumularse y ser recuperada y difundida posteriormente”. Entre los miles de volúmenes que Marisa guarda en su casa destacan los únicos ejemplares que se conservan en España de la revista Redención, una de las primeras publicaciones feministas creada en Valencia en 1915 con el lema “Ven mujer, ven a nosotras y laboremos juntas por nuestra CULTURA y nuestros DERECHOS”. Si le pido que me confiese cuál es el libro que con más admiración atesora, no lo duda: una primera edición de La mujer moderna y sus derechos (1927) de Carmen de Burgos.

La Biblioteca de Mujeres que Marisa quería fundar no era única en su especie. La primera en toda Europa la creó Francesca Bonnemaison en Barcelona en 1909. Después vendrían las bibliotecas de la Residencia de Señoritas de Madrid (1915) y la del Lyceum Club (1926). Ninguna de ellas sobrevivió al franquismo. Fueron desmanteladas y ocupadas por distintas instituciones falangistas. Pero en 2003, gracias al trabajo de los colectivos feministas, la biblioteca de Bonnemaison fue reabierta como el Centro de Cultura de Mujeres Francesca Bonnemaison, que pertenece a la Red de bibliotecas públicas de la Diputación de Barcelona y posee un valioso fondo de obras entre finales del siglo XIX y comienzos de la guerra civil. En Europa, a lo largo del siglo XX, abrirían sus puertas algunas bibliotecas de mujeres que todavía se conservan hoy, como TheFawcett Library en Londres (1926), con un fondo de más de 60.000 volúmenes; la BibliothèqueMarguerite Durand en París (1931), fundada con la colección particular de esta periodista y feminista francesa; y el International Information Centre and Archives of theWomen´sMovement en Amsterdam (1935), con más de 65.000 volúmenes en su catálogo. Todos ellos son centros sustentados económicamente por el Estado, respetando su independencia y la finalidad con la que fueron creados. Si, como decía Rich, cada generación de escritoras debe enfrentarse a los mismos problemas, al mismo silencio, ¿cómo no va a ser importante la creación de centros de documentación y bibliotecas de mujeres que hagan visible y den a conocer nuestra genealogía?

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humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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