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Nos ha dejado Aurelio Delgado Sánchez, el hombre de Gredos

Fue, sin duda alguna, uno de los grandes personajes abulenses de la segunda mitad del siglo XX por lo que al medio ambiente se refiere.

Artículo de Antonino González Canalejo

2017-06-22 02:13:13

El escritor Andrés Sorel señalaba que era solo un hombre, un hombre que nació antes de nuestra guerra cruel, un hombre inteligente, sabio, tenaz, bueno. Otro ser humano, tan difíciles de encontrar, de la estirpe machadiana, que si no reconocido como merece  en su tierra de Ávila, si lo es por sus amigos y por cuantos durante más de cincuenta años le han tratado, y aman la vida, la belleza, la naturaleza, la ética, la dignidad humana. Era la gran memoria de Gredos.

Autodidacta, con una sed insaciable de conocimiento, fiel representante de una estirpe de hombres a punto de extinguirse. Un naturalista de formación pluridisciplinar que iba de la Botánica a la Geología o de la Zoología a la Geografía pasando por la  Antropología. Encarnaba quizás, sin que fuera consciente de ello, aquel espíritu renovador que a comienzos del siglo pasado propugnó la Institución Libre de Enseñanza.

Desde muy joven se inclinó por el acercamiento a la naturaleza, haciendo de Gredos algo trascendente para él en el sentido unamuniano. Una atracción que le embarcó en la maravillosa aventura de conocer y dominar la Sierra. Con su mochila a cuestas recorrió de cabo a rabo el macizo acompañado de Alberto Muñoz y otros montañeros, midiendo y calculando infatigablemente para elaborar mapas que sirvieran de guía fiable a quienes ansiaban adentrarse en los más recónditos lugares de la montaña. Documentos cartográficos que unen a la sencillez interpretativa el mérito de recuperar la toponimia de lugares ligados íntimamente al hombre.

Eduardo Martínez de Pisón, catedrático de Geografía y estudioso de Gredos, ha escrito: Hoy no se pueden disociar los nombres de estas montañas del de Aurelio, no sólo porque es su mejor conocedor, sino porque es quien nos viene facilitando el recorrerlas y porque es, incondicionalmente y siempre que haga falta, su mejor defensor.

El espíritu inquieto de Aurelio no se limitó a señalar itinerarios sino que analizó con mirada crítica lo que observaba, pretendiendo desentrañar los secretos de la Sierra. Hemos visto a muchos sabios quedar admirados ante sus certeras explicaciones sobre los fenómenos naturales acaecidos en tiempos remotos o bien al referirse por su nombre científico a cada uno de los seres vivos que pueblan Gredos.

Pero, como señala Martínez de Pisón, Aurelio se comprometió siempre con la defensa de Gredos y de sus gentes. Quienes valoramos el medio natural al margen de especulaciones monetaristas, tenemos una profunda deuda con Aurelio: su actitud decidida impidió el brutal arrasamiento de un espacio valioso que, allá por la década de 1970, un grupo de gente sin escrúpulos pretendió transformar en un negocio urbanístico para su único beneficio. Desde entonces, su firme posición fue siempre un punto de referencia ético para todos nosotros.

Aquello le costó numerosos disgustos, presiones e incluso un intento de soborno para que se retractara públicamente de lo dicho. Algo que no hizo mella en una persona decente como Aurelio, que se mantuvo siempre conforme con lo que le dictaba su razón y su conciencia.

Como buen hombre de montaña fue profundamente solidario. Compañero ideal para la marcha, capaz de sacrificarse por los demás, a quienes nunca perdía de vista. Cuando aún no se habían creado los grupos de rescate de la Guardia Civil en montaña, Aurelio fundó, dependiente de Cruz Roja, un colectivo para rescatar a las personas extraviadas en la Sierra. Infinidad de veces se jugó el pellejo altruistamente para salvar a los que, por ignorancia o falta de preparación, se vieron sorprendidos por la adversidad y muchos le deben, literalmente, la vida.

Tampoco mostró la menor contrariedad por no ser correspondido en el trato que le otorgó  su tierra. Casi el único reconocimiento oficial que Aurelio tuvo en Ávila se produjo al recibir la medalla al valor humano en los deportes. Premio sin duda merecido, pero muy corto por la relevancia de sus cuantiosos méritos. Algo que suele suceder cuando los mediocres, que actúan soslayando el interés general, copan los puestos destacados de la esfera social. Por el contrario, entre la comunidad intelectual de este país y entre la gente corriente, contó siempre con cariño y amistad. Son legión sus amigos.

Personalmente le debo mucho. De él aprendí el amor y el respeto por la naturaleza y casi todo lo que sé sobre la Sierra. Juntos recorrimos Gredos buscando los caminos perdidos hollados por sus gentes. Compartimos muchos momentos felices y algunos desdichados y también el esfuerzo que permitió superarme y encontrarme conmigo mismo. Sus consejos me libraron en situaciones difíciles  y me sacaron de trances comprometidos. Por todo ello, en nombre de tus amigos y de todos los montañeros ¡Gracias Aurelio!

Antonino González Canalejo

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