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Aurelio Delgado / AURELIO DE GREDOS (I)

Un artículo de José Luis Gutiérrez Robledo

2017-06-23 16:16:29

El miércoles por la mañana pasé ante la casa de Aurelio pensando que hacía meses que no charlábamos y diciéndome que debería llamarle pronto, que tanto tiempo sin Aurelio era un lujo que no podía permitirme. Ese encuentro y esa charla ya no serán, ya que esa misma tarde supe la triste noticia de su muerte a los 90 años.

Era Aurelio un gran hombre, amigo y maestro que nos enriqueció a todos los que tuvimos la suerte de conocerle. Que conocía y amaba Gredos, dio nombre a todo su territorio y nos enseñó a muchos a respetar ese corazón de España unamuniano.

Coincidí con él en la manifestación que recorrió la ciudad de Ávila hacia 1975  pidiendo que no se urbanizase la Sierra. Recuerdo que gritábamos Gredos para las cabras, no para los cabrones, lema que no era muy delicado pero era claro, y recuerdo también que con la osadía de la juventud pronuncié unas palabras al final de la concentración ante el Gobierno Civil. De la manifestación encontré años más tarde una noticia en la prensa local con foto incluida, que llevé a Aurelio y comentamos largamente. Ahora no encuentro tal foto, que habría ilustrado magníficamente este texto, pero recuerdo el hecho, para rendir homenaje a aquel hombre que siempre defendió y amó aquellas tierras y a toda su riqueza. Apunto que era arriesgado para un funcionario en aquellos años defender a pecho descubierto ideas contrarias a la del poder establecido y que Aurelio siempre tomó partido en la defensa de Gredos que conocía mucho y amaba más. Sabida es la estrecha relación existente entre el amor y el conocimiento.

Luego, fueron muchas las caminatas por Gredos y ante Gredos. De los paseos por la montaña me queda la imagen del cordial amigo y magnífico profesor que era, del inmejorable guía por su Gredos que con infinito mimo y clara sabiduría nos acercaba a rincones que le eran conocidos, y de la infinita paciencia con la que, cigarro en mano, nos esperaba a los rezagados, y tenía la sabiduría de no arrancar cuando llegábamos a su altura y esperaba lo suficiente para que también nosotros, los rezagados, descansásemos. Con los paseos ante Gredos me refiero a las muchas veces que llevamos a los participantes en los cursos de la Fundación Santa Teresa a ver Gredos desde las torres de los templos del Tormes: él se ocupaba del imponente macizo pétreo y yo de los monumentos. Bromeábamos diciendo que él trataba de la piedra sin labrar y yo de la labrada, juntos aprendimos que aquellas torres exentas de los templos de los pueblos de la solana del Tormes además de campanarios eran vigías ciudadanas sobre los viejos caminos de Gredos y entendimos la estrecha relación entre naturaleza y patrimonio que pregonan y citábamos siempre a Unamuno para el que Gredos era “Santa montaña, roca desnuda corazón de España”.

De aquellas caminatas por Gredos siempre recordaré la marcha desde Tornavacas hacia Yuste que en 1984, Aurelio, junto con Alberto Muñoz, recuperó como trazado final de la ruta que llevó a Carlos V hasta su último retiro. Era un paseo que año tras año organizaba Aurelio como una magistral clase de historia total en la que sentíamos a nuestro lado la presencia de aquel derrotado emperador al que mozos de Tormellas o de Guijo y Tornavacas llevaban en pesada silla de manos hasta el monasterio jerónimo y aprendíamos del ilustre montañero a sentir la belleza de la naturaleza.

Hace ya años, a petición de una editorial preparé el guion de un libro sobre aquella última ruta imperial que quedó en proyecto, libro que pretendía ser un acercamiento a las 24 poblaciones que visitó el emperador en la Península a mediados del XVI y quería haber dedicado a mi amigo Aurelio de Gredos, descubridor de la ruta… Publico aquí parte de aquel texto en agradecido homenaje a su hombría de bien y como memoria de aquel inolvidable amigo montañero que siempre vivirá en las sagradas tierras de Gredos y siempre nos acompañará cuando estemos o soñemos estar en aquella sierra que fue tan suya y  que constantemente estará unida a su digno nombre.

José Luis Gutiérrez Robledo, UCM y Ávila Abierta

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