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Aurelio Delgado / AURELIO DE GREDOS (II)

Un artículo de José Luis Gutiérrez Robledo

2017-06-23 16:16:19

EL ÚLTIMO VIAJE DEL EMPERADOR CARLOS V

El hombre sólo sabe dónde ha nacido, no sabe dónde va a

morir; si no es Carlos V. Que ha fijado ya el lugar de la muerte.

Manuel Fernández Álvarez

Hijo de Juana I de Castilla y Felipe el Hermoso, y nieto Maximiliano I de Austria y María de Borgoña y de los Reyes Católicos, Carlos de Habsburgo o de Gante es el Carlos V de Alemania y I de España (1500-1558), según muletilla repetida en los textos escolares. Se titulaba en los documentos como «NOS, CARLOS V, emperador romano por la gracia de Dios, siempre augusto, rey de España, de Sicilia, de Jerusalén, de las Baleares, de las Islas Canarias e Indias, así como del continente más allá del Océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Brabante, de Estiria, de Corintia, de Carniola, de Luxemburgo, de Limburgo, de Atenas y Neopatria, conde de Habsburgo, de Flandes y del Tirol, conde palatino de Borgoña, de Hennegau y del Rosellón, landgrave en Alsacia, príncipe en Suabia, señor en Asia y en África». Si la mera enumeración ya estremece, al proyectar la sombra de estos nombres sobre un mapa de la época se comprende y da forma todo el poder que atesoró aquel hombre que era el gobernante que había rescrito la historia de una Europa que heredó antes de cumplir los veinte años, el que coincidirá con Martín Lutero en 1521 en la dieta de Worms  que él presidió, el de las guerra de las comunidades y de las germanías que cambiaron la historia de España, el que está unido al Saco de Roma que en 1527 realizó un ejército de mercenarios bajo su mandato, el que fue coronado en Bolonia en 1530 en ceremonia que llegó hasta los relieves del friso del viejo ayuntamiento de Tarazona, el que encabezó al ejército que conquistó Túnez en 1535, el que mantuvo varias guerras contra los franceses de Francisco I de Francia al que se podría calificar como su enemigo íntimo al que apreso en Pavía e hizo firmar la vergonzante paz de Madrid, el que 1547 derrotó a los protestantes alemanes en Mühlberg según recoge el espléndido cuadro de Tiziano del museo del Prado, y también el que tuvo que huir en 1552 a Innsbruck y el que no pudo dejar a su hijo Felipe, al que había hecho preparar concienzudamente,  toda la herencia que había recibido (Fernando I, hermano del emperador, heredará el imperio). Era también el rey de unas lejanas Indias exploradas, conquistadas y colonizadas por sus súbditos.

Tras una vida larga y plena como pocas, llena de logros y sinsabores (conflictos sin fin, victorias las más y derrotas las menos), el hombre parcialmente vencido decidió pasar sus últimos días en un idílico paisaje de la Vera cacereña, en cuyo clima  esperaba encontrar remedio para la gota que le martirizaba desde hacia cuarenta años y buscaba paz para los postrimeros momentos de su agitado vivir en un monasterio jerónimo, ya que esos monjes estaban estrechamente unidos a la corona española. Volvía a las tierras de España que gobernó desde que a principios de 1516 falleció su abuelo Fernando el Católico dejándole las coronas de Castilla y Aragón hasta el 16 de enero de 1556 cuando abdicó en su hijo Felipe II.  En la Carta de renunciación ya presiente su último viaje y escribirá que «deseándonos recoger para mejor poder dar cuenta a nuestro Señor de los reinos y grandes estados que por su infinita clemencia han estado y al presente están a nuestro cargo, siendo justo que como hombre mortal consignemos alguna parte de nuestra vida para ello». Ya antes, en 1554, se había dirigido al Padre General de los jerónimos, fray Juan de Ortega, adelantándole su propósito de retirarse en Yuste y enviándole modelo para los aposentos que quería le labrasen allí, y el mismo año Felipe II giró una visita de inspección a Yuste «entendiendo bien lo que su padre pretendía y la traza que había enviado».

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—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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