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Aurelio Delgado / AURELIO DE GREDOS (III)

Un artículo de José Luis Gutiérrez Robledo

2017-06-23 16:16:08

Fue ese un postrer viaje de más de seis meses que comenzó con su partida de Bruselas el 8 de Agosto de 1556,  que bien tituló Emilio Castelar cómo Viaje de Carlos V desde Bruselas a Yuste (1885). El emperador pasó por Aalst, Malley y su natal Gante, hasta allí le acompaño su hijo  Felipe, navegó por el  Escalda, pasando por Sas van Gent hasta Terneuzen, realizando una parada de varios días en Wester-Souburg / Flexinga, luego salió, junto con sus hermanas las reinas Leonor y María, del puerto de Flesinga (Países Bajos/Holanda) el 13 de septiembre en la Bertadona, la nao capitana de una flota de 56 naves y más de mil marineros y arribó el 28 de septiembre de 1556 a Laredo (Cantabria). Al desembarcar besó la tierra y, dicen, dijo solemnemente: «Dios te salve. Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo vuelvo a ti, para darte como presente este cuerpo gastado y enfermo». Solucionado lo necesario para el complejo periplo (llevaba  en este último viaje por tierra una comitiva de 150 personas que fue preciso dividir en dos, ya que las poblaciones no eran capaces para alojar a tanta gente principal), días después, en concreto el 5 de febrero, iniciará su recorrido hacia el Monasterio de Yuste, donde entrará el 3 de febrero de 1557 tras un mes y tres semanas de de viaje y una larga parada  en Jarandilla de la Vera (en el Castillo de los Condes de Oropesa) lugar al que llegó el 12 de noviembre y en dónde esperó la llegada de efectivo para licenciar a buena parte de su comitiva (98 personas) y a que le terminasen junto al monasterio, al mediodía, una casa palacio harto humilde para un personaje que en España había promovido edificios del porte del alcázar toledano, la ampliación del madrileño o el palacio de Granada. Cuentan las crónicas que cuando salió de Jarandilla hacia Yuste, los 99 alabarderos que le habían custodiado arrojaron al suelo sus alabardas indicando que no servirían a ningún otro capitán, pero callan que muchos de los miembros  de la reducida comitiva que le acompaño en su retiro pensaban que partían al destierro. En aquellas habitaciones junto al apartado monasterio, según recoge Fr. Prudencio de Sandoval en Historia, vida y hechos del emperador Carlos V, aquel hombre de quebrantada salud (mucho debió tener que ver en ello las comidas de treinta platos, más cerveza y vinos, que conformaban su dieta)  PASSÓ DESTA VIDA a 21 de setiembre año de 1558, auiendo 58, menos siete meses, que nació. En Yuste finalmente ni encontró la salud muriendo de unas fiebres palúdicas, ni encontró la paz, ya que el decir de Manuel Fernández Álvarez, «pronto Yuste se convierte en la tercera Corte de la monarquía católica», desde la que el retirado emperador seguía influyendo en los reinos de su hijo Felipe.

Fue un apresurado viaje de 21 etapas en las que recorrió 90 leguas de entonces (de entre 5.573 y 5.914 metros), atravesando las tierras de lo que primero fue corona de Castilla, luego Castilla la Vieja, y hoy son las Comunidades de Cantabria, (más Lanestosa en el País Vasco), Castilla y León y Extremadura, y pernoctando en 24 localidades. Es un último viaje lleno de románticas sugerencias que siempre me recordará el que su madre hizo antes, a finales de 1506 y principios de 1507, acompañando el cadáver de su padre Felipe el Hermoso, desde Burgos a Granada para darle enterramiento.

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humor.corto

–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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