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Aurelio Delgado / AURELIO DE GREDOS (IV)

Un artículo de José Luis Gutiérrez Robledo

2017-06-23 16:15:15

Fue el postrer viaje (preciso es citar que sus huesos aún viajaron en 1576 al monasterio de San Lorenzo de El Escorial, a aquella colosal y bien trazada tumba que levantó su hijo Felipe y que tipológicamente es heredera de Yuste) de un rey viajero cómo pocos en su tiempo, que el 25 de octubre de 1555, al abdicar en Bruselas de la corona de los Países Bajos, escribirá a modo de recordatorio de su carácter vagamundo: «Nueve veces fui a Alemania la Alta, seis he pasado en España, siete en Italia, diez he venido aquí a Flandes, cuatro en tiempos de paz y de guerra he entrado en Francia, dos en Inglaterra, otras dos fui contra Africa, las cuales son todas cuarenta, sin otros caminos de menos cuenta, que por visitar mis tierras tengo hechos. Y para esto he navegado ocho veces el mar Mediterráneo y tres el océano de España, y agora será la cuarta que volveré a pasarlo para sepultarme; por manera que doce veces he padecido las molestias y trabajos de la mar». Anótese el minucioso cuidado que pone en levantar acta de sus muchos caminos y la rotundidad con la que anticipa el motivo de su programado viaje final: sepultarme (cuando el 12 de noviembre de 1556 atravesó el puerto de Yeguas, antes de Jarandilla, el Emperador, cansado de tan penoso viaje dirá que ya no cruzará otro puerto que no fuera el de la muerte). Recuérdese además lo ya dicho por Vicente de Cadenas, sobre la incomodidad de esos viajes realizados las más de las veces por necesidad, «en condiciones calamitosas por la inclemencia del tiempo y con los medios de transporte de aquella época». El mismo autor señala que «los hizo a caballo, en mula, en litera y en silla de mano;..... en muchas ocasiones aquejado por los dolores de la gota y las molestias de sus persistentes almorranas». Nicholas Nicolay, su consejero holandés resume el estado de salud de aquél hombre envejecido, gotoso y con diabetes que emprende apresurado su último viaje: «la gota le maltrata y corre a menudo por todos los miembros y junturas y nervios de su cuerpo, con el catarro ny puede hablar ni cuando habla es oydo o poco entendido por los circunstantes de su cámara..., las hemorroides se le hinchan y atormentan con tantos dolores que no se pueden rodear sin gran sentimiento y lágrimas..., diz que está pensativo y muchas veces y ratos llorando tan de veras y con tanto derramamiento de lágrimas como si fuera una criatura». Estaba además sumamente abatido, era el hombre que fue amo y señor del mundo, aquel en cuyo imperio nunca se ponía el sol, e iba camino de un último retiro a enfrentarse con lo desconocido. Bien consciente era de su final según testimonia su conocida frase: “Ya no franquearé ningún otro puerto si no es el de la muerte”.

 

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