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21. Domingo de invierno en las urgencias [y IV]

Algo detrás de todo, por J. Francisco Fabián

2017-06-30 20:29:53

La llamaron entonces y cuando la vio puso una cara de felicidad como no se le había visto en todas las semanas anteriores. Sus hijos habían estado a visitarle, pero a ella, que era una mujer muy sensible, no había querido hacerlo en un principio.  Puede usted imaginarse la situación para esa mujer que esperaba ser reconocida. No podía creerlo. La verdadera esposa era una mujer comprensiva y muy equilibrada, tanto que había llegado a entender, aunque con mucha tristeza, que se marido se hubiera enamorado de otra y la hubiera abandonado. Quedaron para hablar de ello al día siguiente en la casa de la esposa. La mujer que usted ha conocido estaba destrozada, estaba perdiendo la cabeza. Las dos mujeres se vieron al día siguiente. La esposa era tan comprensiva que la abrazó al ver su cara profundamente demacrada de no haber dormido en toda la noche, quizá de haber bebido, además y seguramente, de haber deseado morirse con todas sus fuerzas. Propuso quedarse al lado del hombre, puesto que era lo que él deseaba, prometiéndole que, si volvía a sus recuerdos con ella, se apartaría y les dejaría vivir, como lo había hecho antes. Incluso le dijo que permitiría que se vieran para intentarlo si él lo quería. También le prometió ser honesta si en su nueva vida con él recobraba la memoria de pronto. La mujer de azul (cuando ha venido otras veces venía frecuentemente así vestida, no sabemos la razón simbólica) volvió a su casa y se encerró allí. Nos consta que se la vigilaba por si se quitaba la vida. Con el tiempo empezó a hacer una vida más o menos normal, solo más o menos. Volvió a su trabajo como funcionaria de un ministerio con cierto nivel, viviendo ahora en un piso alquilado. Lo único raro que sabemos de ella es que aparecía por aquí cada cierto tiempo con la historia que usted ha conocido en la sala de urgencias o con otra muy parecida. Habrá venido en menos de dos años unas cuatro o cinco veces con la de hoy. Viene, se lo cuenta a alguien y desaparece. A estas horas ya irá camino de su casa más tranquila.

Cuando aquella mujer a la que había escuchado terminó su relato, volvió a sonreírme con amabilidad, esperando que yo dijera algo. Pero no se me ocurría nada. Solo moví la cabeza, a la vez que la dejaba caer levemente hacia los lados como negando, no dando crédito a lo que acababa de oír… Eso es todo. Por favor, no lo cuente a nadie. Y ahora vamos juntos a conocer cómo está su padre.

Mi padre aquella noche estuvo en observación porque parecía ser una angina de pecho y yo paseé todo el tiempo a su lado. Soy mal dormidor si no es en una cama, pero, aunque no fuera así, creo que no hubiera dormido pensando en la mujer de azul. No dejaba de repetirme qué curiosa, qué sorprendente, qué compleja y qué caótica es esto que llamamos la vida.      

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humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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