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La cara oscura del boom turístico

España fía el 11% de su PIB a un sector volátil, con elevados costes sociales y ecológicos y sin planificación ante retos como el cambio climático. Incluso la patronal Exceltur cuestiona la "sostenibilidad" del modelo de masificación. ‘Hemos conseguido que el problema esté en boca de mucha gente"’ afirma la Asamblea de Barrios de Barcelona.

2017-08-09 19:43:44

Ángel Munárriz infoLibre.es,  06/08/2017

Playa de Benidorm, Alicante. TIMEYRES (CC BY FLICKR)

 

La Organización Mundial de Turismo reunió en 1999 todos los elementos de juicio a su alcance: variables económicas, geopolíticas y sociales. Las metió en la calculadora y obtuvo una cifra apabullante, que ya dio entonces para titulares de relumbrón: "España alcanzará en 2020 los 73,9 millones de turistas internacionales". Estaba por ver. Lehman Brothers tardaría aún nueve años en caer. La crisis financiera mundial era cosa de cuatro agoreros. Las primaveras árabes, causa de desestabilización dela región, sólo empezarían en 2010. Las Torres Gemelas seguían en pie. 18 años después, sólo un país ha alcanzado el registro anunciado por la OMT: España. Le han sobrado cuatro años. El número de turistas extranjeros en 2016 ha rozado los 75,6 millones. Todas las previsiones apuntan a que este año superará los 80 millones, 20 más que en 2007. El turismo se ha consolidado como la primera industria del país, con un 11% del PIB y más de 2 millones de trabajadores. El fenómeno avanza frenéticamente. Los récords se suceden. El Gobierno de Mariano Rajoy saca pecho. ¿Tiempo de descorchar champán? No tan rápido.

Las señales de saturación llegan incluso desde Exceltur, una patronal formada por 23 empresas que abarcan toda la cadena de valor del sector: hoteleros, aerolíneas, servicios financieros, tecnología, alquiler de vehículos, touroperadores, sanidad... De Air Nostrum a Iberia pasando por Europcar, Globalia e Iberostar, sin dejar a Hotusa, Meliá y NH. Parecería lógico que, en medio del boom, un lobby convocase a la celebración. Pero incluso estos gigantes tiñen su informe de preocupación. Exceltur llama a "abrir una profunda reflexión en algunos destinos sobre la idoneidad de un modelo basado en una mayor afluencia de turistas, [...] espoleados por el crecimiento descontrolado de las viviendas en alquiler turístico, con una creciente contestación de la sociedad local y una superación de la capacidad de acogida de recursos e infraestructuras"

Exceltur arrima el ascua a su sardina poniendo el foco, sin nombrarlas, en plataformas como Airbnb, que están revolucionando el mercado de alojamiento con una oferta masiva desarrollada a mayor velocidad que la legislación, amenazando al establishment hotelero. Pero ésta no es la única amenaza que implica este fenómeno, como ya saben en Francia, donde ha florecido un mercado a menudo fraudulento en el que campan el fraude fiscal, la concentración de riqueza y la subida drástica de los alquileres. Las aerolíneas low cost son la guinda perfecta para aquilatar el modelo.

Las principales ciudades españolas asisten inermes a un proceso de gentrificación y turistización, palabras de uso cada vez más corriente, haz y envés de una misma dinámica de desnaturalización de los entornos urbanos que satura y banaliza el espacio público y arrasa el comercio tradicional. El arrendamiento estable está siendo sustituido por un mucho más lucrativo alquiler turístico discontinuo. Los Gobiernos locales de ciudades como Barcelona, Madrid y Valencia intentan apurar sus competencias para poner coto al fenómeno, que ni empieza ni acaba con las plataformas digitales de alquiler, pero encuentra en la mismas una de sus expresiones más crudas. Las autoridades de Ibiza han llegado a lanzar un SOS ante el déficit de sanitarios, docentes y policías, disuadidos de trabajar en la isla por la desmesura del alquiler. Las crónicas de trabajadores durmiendo en coches o en la calle tienen tintes surrealistas.

Joan Buades, investigador especialista en turismo y colaborador de Alba Sud, señala que situaciones como la de Barcelona son "insostenibles". "Se está produciendo una revolución brutal de la oferta de vivienda disponible. Lo poco que queda está a unos precios duplicados y triplicados. Hay muchas plazas ilegales controladas por unas pocas comercializadoras. Se impide a la gente joven ejercer su derecho a la vivienda. Eso es lo que está detrás de la revuelta antiturística de los barrios de Barcelona y Palma. Hay gente que lleva toda la vida en un piso de alquiler y ahora compra el bloque una empresa y le dice: 'Tienes tres meses para irte", explica.

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