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El Grial de León

La "invención" de una reliquia en el siglo XXI:  el Grial de León en las crónicas árabes

2017-08-10 11:56:53

por Luis Molina, Revista de Libros, agosto 2017

En su libro Los Reyes del Grial, Margarita Torres y José Miguel Ortega pretenden demostrar que el Cáliz de doña Urraca, una copa conservada en San Isidoro de León, es el auténtico y único Grial. Sostienen los autores que el Grial, que se hallaría en Jerusalén, habría sido enviado por el soberano fatimí al-Mustanṣir al señor de la Taifa de Denia, Iqbāl al-dawla, como muestra de agradecimiento por la ayuda que éste había prestado a la población egipcia, que padecía en aquel momento una terrible hambruna, al mandarles un barco cargado de alimentos (entre 1054 y 1056). El emir de Denia, una vez en posesión de la reliquia, la habría entregado al rey leonés Fernando I y por eso el cáliz se conserva en León.

Cáliz de doña Urraca

 

 

¿Otro Grial, otro libro sobre el Grial, otra teoría sobre el Grial? Me temo que sí, por más que Torres y Ortega aspiren a que sea la obra «definitiva» y proclamen que su «objetivo siempre ha sido presentar nuevos y definitivos datos a partir de la ciencia y la historia». Entonces, si es un libro más sobre el Grial, ¿qué hace un arabista como quien firma estas líneas comentándolo y sometiéndolo a una revisión desde unas premisas puramente científicas? La razón es que unos documentos árabes son las pruebas –las únicas pruebas− que tienen los autores para sostener su novedosa teoría. Por ello se hace necesario que un especialista someta a revisión la traducción e interpretación que en Los Reyes del Grial se hace de esos testimonios. Para una valoración general de la obra remito al lector a la reseña de Alejandro García Sanjuán publicada en Revista de Libros.

Antes de entrar en el análisis de esos textos, permítaseme que dedique mi atención a diversas circunstancias que han rodeado la composición de la obra y que la convierten, dentro de lo peculiar que es de por sí la literatura griálica, en un caso particularmente llamativo. Como acabo de decir, toda la argumentación que desarrollan los autores de Los Reyes del Grial se basa en las informaciones suministradas por una serie de textos árabes, en especial por dos hojas sueltas halladas en la Biblioteca Nacional de Egipto. El resto del libro no es más que una retahíla de datos conocidos de antiguo, que no aportan la menor prueba consistente –en realidad, ni siquiera inconsistente−, y de continuos recursos al salto en el vacío argumentativo que se apoya en conclusiones difusas introducidas por expresiones del tipo «es probable», «es improbable», «es lógico suponer», etc. La mezcla de todo ello daría como resultado un producto totalmente inane −es decir, el típico ejemplo de literatura griálica−, si no fuera por el descubrimiento de los dos documentos de El Cairo mencionados y por otras informaciones extraídas de fuentes árabes y que adquirieron relevancia a la luz de lo conocido gracias a dichos documentos.

¿A cuál de los dos autores del libro –una medievalista y un experto en historia del arte− debemos el hallazgo de tan prodigiosos testimonios, su traducción al castellano y su interpretación? Pues bien, a ninguno de ellos. Por asombroso que resulte, la única aportación importante e innovadora que hallamos en la obra, las partes que constituyen el meollo de la cuestión, no son debidas a quienes aparecen en la portada como autores, sino a un arabista, Gustavo Turienzo, que fue quien se topó con dos pergaminos que recogían noticias sobre el cáliz de Jesús, quien los tradujo y quien los puso a disposición de los autores. A pesar de que el libro sólo se sostiene gracias al trabajo de Turienzo, su nombre ni siquiera aparece como coautor, siendo relegado al capítulo de agradecimientos y a alguna mención incidental a lo largo del texto como traductor de pasajes de obras árabes. Se trata, en mi opinión, de una clara minusvaloración de su trascendental papel en la génesis de la obra y dice muy poco de la generosidad de los autores a la hora de reconocer los méritos ajenos.

[Leer completo en revistadelibros.com]

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