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Energía: basta ya con el hecho diferencial

La política de apoyo a las energías renovables avanza en todo el mundo, pero en España el Gobierno empuja en la dirección contraria

2017-08-12 02:01:22

El marco regulatorio está pensado no tanto para la defensa del interés general como para la protección de los intereses de las grandes empresas del sector

A pesar de ser muy ricos en irradiación solar, estamos siendo tremendamente pobres en voluntad política

Joan Herrera, eldiario.es, 03/08/2017

Ilustración: ELISA BIETE JOSA

Algo grande está pasando en el mundo. Por primera vez se ha invertido más en ahorro, eficiencia y renovables que en extracción de carburantes. En Alemania, la Administración local se compromete en la distribución para impulsar el autoconsumo. En Holanda, las compañías deben elegir qué actividad quieren desempeñar (distribución, comercialización o producción) para evitar la posición de dominio. En Bruselas se ha instalado tanta potencia fotovoltaica en un año... ¡como en toda España! La Comisión Europea habla de autoconsumo, de prosumidor —productor y consumidor energético—, de agregador energético...

En cambio, cuando en España nos ponemos a hablar de energía, ello se asocia a un problema en lugar de a una oportunidad. A pesar de ser muy ricos en irradiación solar, estamos siendo tremendamente pobres en voluntad política.

Las explicaciones de este hecho diferencial pueden ser diversas, pero hay un factor principal: el marco regulatorio, pensado no tanto para la defensa del interés general como para la protección de los intereses económicos y de poder de las empresas del sector.

¿Cómo explicar si no que los beneficios de las eléctricas se multipliquen aunque la demanda caiga? De 2007 a 2015, el consumo se ha reducido el 1,5% anual, mientras que el beneficio creció el 2,7% anual, como consecuencia de un extraordinario encarecimiento del precio de la electricidad desde 2008, sobre todo entre los consumidores inferiores a 20 MWh por año. En este segmento, el precio ha escalado hasta cerca de los 300 euros el MWh, uno de los más caros de nuestro entorno. 

Las prácticas del sector permiten que el regulado (el sector eléctrico) capte las voluntades del regulador (nuestro legislador y nuestro Gobierno) estableciendo un marco que perjudica claramente al conjunto de la economía y de la sociedad. Hoy, el sector eléctrico actúa como una auténtica élite extractiva, que se beneficia de un modelo plagado de desequilibrios e ineficiencias. 

1. La fijación del precio. La ley determina que el precio que percibirán todas las centrales acopladas a la red en cada hora será el de la electricidad ofertado por la última central que satisfaga la última unidad de electricidad demandada. Es decir: centrales amortizadas, básicamente hidroeléctricas construidas en tiempos inmemoriales, o nucleares venden la electricidad al precio de la tecnología más cara. Jorge Fabra habla de beneficios inesperados por un “legal y arbitrario sistema de fijación de precio” del orden entre 1.078 y 1.692 millones de euros anuales sólo para las nucleares, y de cifras superiores para el caso hidroeléctrico, lo que ha generado sobrecostes de decenas de miles de euros, con un efecto similar al del déficit tarifario. Los beneficios caídos del cielo o windfall profits son el principal agujero del modelo.

2. Los Costes de Transición a la Competencia (CTC). El segundo fraude de la desregulación en torno a la energía es el derivado de los denominados CTC. Éstos se fijaron en el momento de la desregulación como una garantía teóricamente a favor de las empresas y los consumidores, pero abundan los datos que muestran que se han cobrado miles de millones de más. Pudimos ver como el período de transición se acortó en 3,5 años (tan pronto como las compañías debían pasar a pagar y no a cobrar). Pero lo más relevante lo encontramos en la sentencia del Tribunal Supremo 4941/2001, que establece que el Estado no tenía obligación de reconocer a las empresas eléctricas el derecho a la compensación por el mero hecho de adecuarse a las condiciones que fijaba la UE. Es decir: aquellos que durante años han percibido los CTC lo han hecho de una forma graciable, inflando el déficit de tarifa y apalancando sus balances en la arbitrariedad y generosidad del regulador.

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—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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