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Lo que se ha roto con Trump

¿Nazis en EEUU? La violencia en Charlottesville no es sino la consecuencia del caldo de cultivo que el presidente estadounidense se ha encargado de alimentar

2017-08-15 11:48:34

Diego E. Barros, Chicago | público.es, 13 de Agosto de 2017

El Malagón de hoy: Trumpismo

 

En el día más importante, Donald J. Trump se olvidó de tuitear.

En realidad no. Pero lo hizo tarde y mal. Tarde porque el hombre que levantaba el dedo acusador antes de que, en las calles europeas, las autoridades determinaran la autoría de un atentado, ayer apareció en la red social que tanto le gusta a regañadientes, casi por pura obligación. Mal porque el agitador especialista en enumerar enemigos, señalar culpables, ya sean personas físicas, jurídicas o metafóricas, desde Obama hasta Washington en general, fue incapaz de pasar de un vergonzoso “en todas partes” a la hora de condenar una violencia que solo estaba en un lado. Que siempre ha estado, casi desde la fundación de este país, y a la que ni siquiera fue capaz de llamar por su nombre: desde supremacistas blancos nostálgicos de la segregación racial a ultraderechistas de diploma y altavoz mediático pasando por neonazis y fascistas sin camisa negra, pero de pistola al cinto.

En el día más importante, el presidente de EE.UU. se olvidó de hablar.

En realidad, tampoco. Pero también lo hizo tarde y mal. Tan tarde y tan mal que su discurso lo acabó dando otra persona, el gobernador de Virginia, el demócrata Terry McAuliffe. Suyas fueron las palabras más importantes, las más contundentes, las más necesarias.

“Tengo un mensaje para todos los supremacistas blancos y los nazis que han venido hoy a Charlottesville. Nuestro mensaje es simple y simple: váyanse. No son queridos (…) Qué vergüenza. Pretendéis ser patriotas, pero sois todo menos patriotas. (…) Habéis venido aquí hoy a hacerle daño a la gente. Lo habéis conseguido. Pero mi mensaje es claro. Somos más fuertes que vosotros. Nos habéis hecho más fuertes, no tendréis éxito. No hay lugar para vosotros aquí, no hay lugar para vosotros en América. (…)”.

Antes, Trump no solo había evitado condenarlos, sino que en un tuit que pretendía conciliador, el presidente volvió a las andadas rematándolo con su conocido lema. América Primero. Otra vez. Una (no)declaración que fue muy bien recibida en los propios medios de la ultraderecha americana: “no nos ha atacado (…) Dios lo bendiga”

No fue suficiente y Trump se negó incluso a contestar a la pregunta directa de un reportero. Qué les diría a los supremacistas blancos que durante todo el día de ayer lanzaron cánticos en su apoyo. Trump huyó como el que sabe que acaba de cometer una fechoría y confía que no le pillen.

No fue una sorpresa. De todos es sabido la querencia de la ultraderecha estadounidense por Trump. Desde el primer minuto y reafirmada ayer. Un amor nunca rechazado de forma contundente por el ahora presidente pues no se rechaza lo que es propio de uno. Si bien la mayoría de los votantes de Trump no son racistas ni supremacistas ni nazis, es seguro que todos los racistas, supremacistas y nazis de América abrazaron la causa del América Primero y acudieron a votar en masa por el hoy inquilino de la Casa Blanca.

Saben que es suya. Saben que ella está habitada por miembros de su misma especie y que susurran a la oreja del presidente. Comenzando por el célebre Steve Bannon y acabando por el inefable Steve Miller, ideólogo privilegiado de los neonazis. Pasando por Sebastian Gorka. El pasado miércoles, el propio Gorka dejó claras las prioridades y los aliados de esta administración, al asegurar literalmente que los supremacistas blancos “no son un problema” y que no deberían ser objeto de escarnio ni de crítica.

Para vergüenza de propios y extraños. Unos propios que ayer, a duras penas, también tarde pedían contundencia y explicaciones. Sirva un muestrario. El senador Cory Gardner (R-Colorado), instó al presidente a “llamar al mal por su nombre”, mientras que el senador Marco Rubio (R-Florida) y Orrin Hatch (R-Utah) también hicieron declaraciones igualmente duras. Contunde fue, como era de esperar, John McCain (R-Arizona): “Los supremacistas blancos no son patriotas, son traidores. Debemos unirnos contra el odio y el racismo”.

Tarde.

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