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Recorriendo la Venecia del Renacimiento que conquistó a los emperadores españoles

La muestra del Thyssen no es una mera exposición de obras maestras, sino una tesis artística que le acerca a los estudios académicos y le aleja del público

2017-08-16 22:53:41

J.M. Costa, eldiario.es, 12/08/2017

'Venus y Adonis' (Paolo Caliari)

Lo que solemos identificar como pintura veneciana es un periodo del Renacimiento tardío que paradójicamente coincidió con la decadencia de una de las más importantes y poderosas ciudades europeas de la baja Edad Media y primer Renacimiento.

En 1453 y 1492, se habían producido dos acontecimientos muy trascendentes para Europa y más especialmente para Venecia: la toma de Constantinopla por los turcos otomanos y el descubrimiento de Cristóbal Colon. El primero ponía en manos turcas la conexión comercial Occidente-Oriente y, el segundo, ideado para salvar ese obstáculo a través del Atlántico, marcaba el comienzo de la nueva expansión oceánica que relegaría al Mediterráneo al papel de lago interior.

El Renacimiento en Venecia. Triunfo de la belleza y destrucción de la pintura (hasta el 24 de Septiembre) trata de esa época, especialmente relevante en España porque tanto Carlos I como Felipe II le tenían gran apego y nuestras colecciones están llenas de pintura muy relevantes de aquella época. Solo en el Prado hay 43 cuadros de Tiziano, 15 de Veronés y 26 de Tintoretto (aunque ninguno de Giorgione). Así pues, esta no podía ser de ninguna manera una exposición de Obras Maestras (alguna hay), sino más bien una de tesis que echa mano de buenos pero seguramente no los mejores ejemplos.

La tesis corre a cargo del profesor Fernando Checa, comisario de la muestra, en un largo ensayo bastante exahustivo que lamentablemente acaba en lo casi puramente formalista. Al referirse continuamente a las valoraciones de Giorgio Vasari (1511-1574), adolece de una mínima perspectiva, no ya social, sino incluso histórica. Aquí prácticamente todo se queda en la biografía artística de los personajes, en su evolución estilística.

Como estudio académico tiene su sentido. Como texto abierto a un público menos diferenciado, resulta más sesudo que ilustrativo. Sin embargo, Bernard Aikema menciona en el siguiente artículo los estudios de Erwin Panofsky (1892-1968), iniciador de una nueva historiografía del arte clásico que tendería a reflejar también las relaciones urbanas, sociales, filosóficas, o económicas de la pintura. En el caso de Panofsky, sobre todo las iconográficas y literarias.

Esta aproximación, tampoco novedosa ni radical en el 2017, tendría como resultado contemplar la primera sala de la exposición, Venecia y el sueño del clasicismo no solo como una serie de buenos retratos, sino como unos retratos muy peculiares en su época: los personajes no son reyes y reinas, príncipes y princesas o nobles y religiosos, como en casi todos los estados de su entrono. En aquella Venecia, una república oligárquica dominada por el patriciado (la nobleza urbana) y la burguesía mercantil, no había príncipes ni condes, ni siquiera caballeros (como indica en otro texto, Augusto Gentili) sino personajes de vestimenta bastante austera y cuyo título es un cargo ciudadano, como procurador o senador, por no hablar de los sucesivos Dux o de personajes innominados que puedes ser identificados como escritores o arquitectos.

'Retrato de una mujer' (Tiziano Vecellio)

 

Hay un montón de retratos, porque la siguiente sala, Visiones literarias también está llena de ellos. La mayor parte están pintados sobre fondos planos monocromos y el vestuario es poco llamativo excepto algún armiño bastante discreto. En cierta forma, estos retratos desmentirían el colorismo de la escuela veneciana que, eso sí, puede observarse en otro tipo de obras.

Parece que, al menos en lo público, aquella sociedad mercantil no era tan pomposa como las cortes reales europeas, ya establecida incluso en ciudades antaño republicanas como Florencia. Recuerda un poco a los retratos de burgueses de los Países Bajos realizados por Van Dyck (1599-1641) justo antes de su traslado a Londres. De graves burgueses vestidos de negro a petimetres nobiliarios ataviados con sedas multicolores.

La imagen pudibunda de la mujer

Las carencias de la exposición se revelan sobre todo en la sala llamada Imágenes venecianas de la mujer. Que no haya una Venus, una Leda o una Danae de Tiziano canta mucho. Pero aún más cuestionable es la interpretación que se hace de las pinturas de bellas. Tradicionalmente se ha considerado que la mayoría de estas pinturas son retratos de cortesanas, prostitutas de alto nivel semejantes a las geishas japonesas, por poner un ejemplo.

El gremio estaba más que reconocido y regulado en  la ciudad. Las cortesanas podían ser poetas, entrar en las bibliotecas, recibir a lo más interesante e importante de la ciudad y no es en absoluto extraño que grandes pintores como Giorgione, Palma el Viejo o Tiziano las retrataran.

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