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Cuando España vendía sus reliquias al mejor postor

En la primera mitad del siglo XX, coleccionistas de diferentes nacionalidades se hicieron con pinturas murales, relicarios o incluso claustros románicos

2017-08-18 22:24:29

Abraham Rivera, eldiario.es, 16/08/2017

El claustro encontrado en los jardines de la finca Mas del Vent

A principios del siglo XX, muchas reliquias y construcciones españolas abandonaron el país para dirigirse a otro lugar. En 1926, cruzaron el Atlántico 35.784 bloques de piedra pertenecientes al monasterio de Santa Maria la Real, emplazado originalmente en Sacramenia (Segovia).

Arthur Byne, el ojeador artístico de William Randolph earst en España, fue quien se hizo con el claustro, la sala capitular y el refectorio del conjunto, fundado por Alfonso VII en el año 1141. Pagó por todo ello la módica cifra de 40.000 dólares. El cenobio, junto a elementos de otros templos, terminó ubicándose en Florida. Fragmentos de historia vendidos al mejor postor.

En 1927 ocurrió algo parecido, el monasterio de Santa Maria de Ovila, en Guadalajara, pasó de manos públicas a manos privadas por la ridícula cantidad de 3.130 pesetas. Cuatro años más tarde, la construcción cisterciense fue empaquetada y transportada hasta San Francisco. En un almacén del puerto de esa ciudad permaneció más de diez años por la falta de recursos de su comprador, nuevamente Hearst.

El edificio alcarreño, tras sufrir cinco incendios y el robo de algunas de sus piezas, terminó adornando la Abadía de New Clairvaux, en California. Sirvan estos ejemplos, más que significativos, para dar cuenta de la importancia que tenía el movimiento de obras de arte en las primeras décadas del siglo XX.

Aquel periodo es conocido como la fiebre americana, un momento especialmente voraz para la historia del arte español. Coleccionistas de diferentes nacionalidades, pero sobre todo norteamericanos, con la ayuda de marchantes y comerciantes de aquí, se hicieron con todo tipo de material importante. Desde pinturas murales o relicarios hasta claustros románicos.

"La ignorancia de los clérigos, el hambre de negocio de los anticuarios y la connivencia de las autoridades públicas eran los ingredientes de un peligroso cóctel que amenazaba de lleno el patrimonio histórico forjado a lo largo de siglos", escribe el periodista José María Sadia en El último claustro: los enigmas del caso Palamós.

Es un trabajo a medio camino entre la novela de misterio y el ensayo periodístico, que se adentra en las oscuras aguas de la compraventa de bienes culturales con un protagonista absoluto: el claustro encontrado en los jardines de la finca Mas del Vent hace un lustro.

Se alquila finca con piscina y claustro romano 

El 5 de junio de 2012  El País dio la noticia en portada: "Se alquila finca con claustro románico. Una lujosa mansión de Girona guarda en su jardín una joya del siglo XII". Sin embargo, la información de los meses siguientes fue cada vez más desconcertante.

Estos son algunos de los titulares que aparecieron en la prensa: "Mas del Vent, claustro desprotegido", "El claustro, por fin protegido", "El informe final de Cultura asegura que el claustro de Palamós es falso", "A vueltas con la autenticidad del claustro de Palamós".

Nno todos los especialistas coinciden sobre su autenticidad. Gerardo Boto, profesor de Historia del Arte Medieval de la Universidad de Girona, se alinea con la tesis que defiende la autenticidad e importancia del hallazgo. Mientras, otros lo tildan de pastiche, una recreación que mezcla varios estilos, y, por lo tanto, falso. Dentro de esta última línea encontramos a José Miguel Merino de Cáceres, catedrático emérito de Historia de la Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid y coautor de una obra que tiene especial relevancia en este contexto, La destrucción del patrimonio artístico español. W.R. Hearst: "el gran acaparador".

Estas dos corrientes irán planteando interrogantes y líneas rojas sobre la viabilidad de un obra de hace ocho siglos. Además, sobre ella no aparece mención alguna hasta 1931, en el distrito Ciudad Lineal de Madrid. Esa es la fecha y el lugar en el que Ignacio Martínez empieza a montar el claustro. Los vínculos entre Martínez y Byne, expoliador de guante blanco, darán algunas pistas sobre el porvenir de la arquería.

Se podría decir que lo mejor y lo peor de cada casa se encuentra en el libro de Sadia. Descubrimientos únicos y joyas de nuestro patrimonio se mezclan con operaciones de dudosa ética y falsificaciones, tan estudiadas que han perdurado hasta el día de hoy. "Los anticuarios vieron en este negocio la oportunidad de sus vidas y la de poner en valor esos bienes que encontraban en las iglesias de los pueblos y las catedrales", comenta el autor sobre los intereses de estos mercaderes del arte. "Las operaciones eran legales, aunque se puede hablar de moralidad. También habría que trasladarse a aquella época y ver lo que pensaban hace un siglo, que no es lo que pensamos ahora mismo, ni mucho menos".

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—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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