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Bibliotecas, bibliófilos y bibliófagos

Tras un periodo de letargo, las bibliotecas vuelven a fascinar

2017-09-11 01:21:05

Eva Orúe, infoLibre, 10/09/2017

La Biblioteca Nacional, en Madrid.

Se llama Stuart Kells, es australiano y escritor. Ha dado la vuelta al mundo de biblioteca en biblioteca con un peculiar sentido de la oportunidad: después del breve susto que nos dieron los libros electrónicos, los libros en papel "están de nuevo de moda, y las bibliotecas son el lugar en el que hay que estar", escribe.

Su experiencia, recogida en The Library: A Catalogue of Wonders, le ha permitido percibir dos tendencias que están cambiando nuestra percepción de los libros y las bibliotecas antiguos.

La primera, una mayor atención a la investigación de procedencias: ¿Por qué manos han pasado los libros? ¿Cómo marcaron y protegieron las obras? "Esta rama de la bibliografía está ayudando a humanizarla", afirma. La segunda consiste en apartarse de las ideas tradicionales de lo que es un libro de mérito y de la tradicional competición entre alta y baja de la literatura.

No es el único que siente esta fascinación. Thibaud Poirier, fotógrafo, acaba de completar una serie sobre bibliotecas, en su caso, sólo europeas. "Tienen todas una arquitectura particular vinculada a la época de construcción, que a veces data del siglo XVIII, y al país. Presentan una simetría y una perspectiva que me atrae y tiene, en su mayoría, fama nacional o mundial. Me atraen los grandes espacios, y estas bibliotecas son sencillamente magnificas –explica a infoLibre–. Esos interiores están llenos de saber y de historia, y el hecho de poder pasar unos instantes en ellas, solo, e inmortalizarlos es un verdadero privilegio".

La fascinación

Que la seducción existe es evidente. Cabe preguntarse si, como sospecha Kells, estamos ante una reacción de alivio tras verle las orejas al lobo o si más bien es un canto del cisne, un fulgor postrero antes de ser barridas  por la ola digital.

"¿'Barridas por la ola digital' me pregunta?", devuelve la cuestión Concepción Rodríguez Parada, del Departamento de Biblioteconomía, Documentación y Comunicación Audiovisual de la Universitat de Barcelona. "No lo creo. Lo que hay, ciertamente, es una gran avalancha informativa que nos llega por múltiples vías, que puede llegar a infoxicarnos y, a la larga, a desinformarnos. Es aquí y ahora donde las bibliotecas y los bibliotecarios vuelven a ser indispensables –si es que lo dejaron de ser alguna vez– para garantizar la calidad de la información en un momento de posverdad".

Rodríguez Parada defiende que, aunque no de manera lineal, lo que la historia de las bibliotecas nos muestra es su gran capacidad adaptativa y su contribución indispensable a la democratización del saber y a la posesión de un conocimiento consciente. "Aunque nacieron como espacios de memoria cargados de un fuerte simbolismo político-religioso, con el paso del tiempo, se crearon diferentes tipologías bibliotecarias en fondos y servicios capaces de responder cada una de ellas a las necesidades informativas de colectivos específicos (académicos, parlamentarios, ciudadanía en general, etc.)".

Ella, como Jesús Marchamalo, al que de manera justificada tenemos por experto en bibliotecas (sobre todo las de los escritores: véanse sus artículos y libros), cree que estas instituciones culturales son un reflejo preciso del pasado, una manera de atrapar el presente, espejo fiel de cada época.

[Leer completo en infolibre.es]

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humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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