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El bendito orden de Maruja Mallo

La galería Guillermo de Osma estudia en una nueva exposición el meticuloso proceso de creación de la pintora, alejándose de su extravagante imagen pública

2017-09-17 02:06:10

Clara Morales, infoLibre, 13/09/2017

'Cabezas de frente y perfil' (1945), de Maruja Mallo. Galería Guillermo de Osma

Corría el año 1989, o quizás el 1990. El comisario y crítico de arte Juan Pérez de Ayala preparaba el primero de sus muchos proyectos en torno a Maruja Mallo, sobre la que ha realizado gran parte de su investigación. La pintora llevaba ya seis años ingresada en la clínica geriátrica en la que permanecería hasta su muerte en 1995 a los 93 años. Y allí estaba Emilio, el hermano más cercano a la artista —y eran 14—, con "dos grandes cuadernos de cuero negro, con remates en cuero marrón y remaches metálicos de tornillos largos dorados", según el recuerdo de Ayala. Lo que guardaban era "un tesoro": el archivo de la autora, realizado minuciosamente por ella misma a lo largo de décadas.

Gracias a él, la galería Guillermo de Osma de Madrid inaugura el jueves (y hasta el 10 de noviembre) una muestra de 40 óleos, dibujos, bocetos y algunas piezas del archivo, varios de ellos inéditos. Titulada Maruja Mallo. Orden y creación, la exposición pretende ser un ejercicio de "investigación y estudio" para reivindicar el trabajo de la artista más allá de su personaje público. La "muestra de gabinete", en las pequeñas salas de esta histórica galería madrileña que se mantiene en un discreto primero izquierda del barrio de Salamanca, sirve también para anunciar un proyecto deseado por estudiosos y familiares de la artista —sus sobrinos Elena y Antonio Martín Conde participan tanto en él como en la muestra—: el catálogo razonado de su obra, en el que Ayala y De Osma llevan trabajando 15 años. Se tratará de un inventario y un estudio exhaustivo de su producción, de la que parte permanece aún en paradero desconocido, que será publicado a finales de 2018. 

Hasta ahora, consideran, Maruja Mallo ha estado a la sombra de Maruja Mallo. Pérez de Ayala llega a decir que su figura pública ha acabado por "eclipsar su valor como pintora". Primero, por su aspecto, que la hizo destacar en la movida madrileña —ya es decir— y le ganó la admiración de los modernos con sus ojos pintados de azul eléctrico, su rabillo interminable, su inmenso abrigo de pieles. Mallo parecía lo que era: una mujer libre e irredenta. Porque luego estaba su agenda de amigos y amoríos: Lorca, Dalí, Alberti, Buñuel, Miguel Hernández... Pero casi todos la olvidarían en sus memorias —Alberti llegó a disculparse por omitir en La arboleda perdida la relación entre ellos— y en su relato de aquellos felices años veinte y treinta que vivieron juntos antes de la muerte y el exilio. 

Y estaba su peculiar relato de la época, que repetía con las mismas anécdotas calculadas cuando se le requería. Como aquella en la que Margarita Manso, Lorca, Dalí y ella decidieron a principios de los años veinte pasearse por la Puerta del Sol con la cabeza descubierta, en contra de los usos de la época. La performance daría lugar al sinsombrerismo, un vago movimiento de revuelta juvenil que la cineasta y escritora Tània Balló recuperó para bautizar a las olvidadas mujeres de la Generación del 27, conocidas ya como las sinsombrero. Entre ellas, Balló considera a Mallo como "la mujer más original, moderna y transgresora de la España de los años veinte y treinta".

"Queríamos olvidarnos de la Maruja pública y centrarnos en por qué Maruja es tan buena pintora, por qué es tan importante", dice el galerista. Ayala es aún más contundente: "Maruja Mallo es una de las grandes artistas españolas del siglo XX, incluidos hombres y mujeres". Las obras expuestas, sobre todo los cuadernos, los estudios anatómicos y los esbozos para sus Máscaras —una serie menos conocida que otras como La religión del trabajo, a la que pertenece el que es quizás su cuadro más conocido, Sorpresa del trigo—, dan fe de un trabajo meticuloso, guiado por la investigación y la precisión matemática. Esto explica, dicen los comisarios, la "poca obra" que produjo la artista. Esta es, de hecho, una exposición compuesta en gran medida de préstamos y archivo, sin vocación comercial.

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humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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