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Detroit. La insoportable brutalidad del racismo

Kathryn Bigelow se enfrenta al racismo y la violencia policial con un thriller localizado en las revueltas raciales que dejaron 43 muertos y más de 1.200 heridos en esta ciudad estadounidense hace ya medio siglo

2017-09-19 19:48:31

El filme ha originado un gran debate en Estados Unidos sobre quién tiene derecho a relatar la represión contra las personas negras y el límite entre la representación del horror y la "pornografía moral"

Clara Morales, infoLibre, 19/09/2017

Anthony Mackie en 'Detroit', de Kathryn Bigelow.

 

La última película de Kathryn Bigelow, la única mujer galardonada hasta ahora con el Oscar a mejor dirección, es Detroit. Detroit, por la ciudad estadounidense en la que, en 1967, se desató una rebelión por motivos raciales que acabó con 43 muertos —33 de ellos, negros—, 1.200 heridos y más de 7.200 detenidos. El filme, por tanto, se ocupa de una herida que, medio siglo después, sigue abierta. Lo atestiguan los asesinatos de Philando Castile, Michael Brown, Trayvon Martin o Eric Garner, todos jóvenes negros desarmados, a manos de la policía. O los recientes sucesos en Charlottesville, con la marcha fascista en la que un nazi atropelló intencionadamente a los participantes en una contramanifestación antirracista, matando a una mujer. O el hecho de que la mera existencia de Detroit se haya convertido en un asunto polémico.

Pero vayamos por partes. La película de Bigelow no se ocupa del conjunto de las revueltas que se sucedieron durante cinco días, sino de un suceso muy concreto que sucedió durante en la madrugada del 25 al 26 de julio en el Motel Algiers. Durante horas, diez jóvenes negros y dos jóvenes blancas fueron torturados física y psicológicamente por al menos tres oficiales de policía. Tres chicos de 17, 18 y 19 años fueron asesinados. La directora ha confesado no haber oído jamás sobre lo que se conoce como el "incidente del Motel Algiers" hasta que su guionista habitual, Mark Boal, le habló de él cuando un policía blanco fue declarado inocente del asesinato de Michael Brown, un adolescente afroamericano, en 2014. Tampoco fueron considerados culpables los agentes del Algiers.

"Fueron dos cosas simultáneas", contaba Bigelow al New York Times sobre su reacción inicial ante la historia. "Una es como 'Soy blanca, ¿soy la persona correcta para hacer esto?'. Y la otra es una reacción extremadamente emocional ante la repetición constante de estos sucesos". La cineasta no fue la única que se hizo esa primera pregunta. "Detroit", escribía la crítica cinematográfica Ann Hornaday en el Washington Post, "ha sido elogiada por muchos críticos por sumergir al público en un hecho que cristaliza la supremacía blanca y su impunidad en su momento más patológico. Pero para otros, Detroit es otro ejemplo desalentador de un cineasta blanco que emprende la autoexploración y la catarsis sirviéndose del espectáculo de la angustia, el sufrimiento y la profanación de los cuerpos negros".

Hay mucho de esas tres cosas en el filme. Detroit tiene, aparentemente, una sencilla estructura de tres partes: en la primera, la cineasta retrata el estallido de la revuelta. En la madrugada del 23 de julio, unos agentes se dirigen a clausurar un club sin licencia. En su interior encuentran más asistentes de los que esperaban: 82 afroamericanos celebran el regreso de dos soldados de Vietnam. En lugar de evacuar el edificio por la puerta trasera, los agentes lo hacen por la delantera, y deben esperar, además, a que lleguen los coches de refuerzo. Los vecinos empiezan a congregarse en torno al club mientras las decenas de detenidos esperan contra la pared. Alguien grita, según el relato de Bigelow: "¿Pero qué han hecho?". Alguien tira una botella. Así terminaba una noche a la que sucederían incendios, saqueos, torturas y asesinatos, la inmensa mayoría de ellos sufridos por gente negra.

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humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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