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El Thyssen

De colección del barón a museo nacional

2017-10-05 21:16:01

El centro de arte intenta, en la celebración de su cuarto de siglo, reivindicarse como patrimonio público y desmarcarse de las maniobras de Carmen Cervera

El Ministerio compró las 775 obras del noble por lo que se consideró "una ganga", pero se hizo cargo también de la rehabilitación de su sede

El conjunto que posee la baronesa se exhibe también desde 2004, pero se trata de una cesión gratuita a cambio de la conservación de los lienzos

Clara Morales, infoLibre,  05/10/2017

El palacio de Villahermosa, sede del Museo Thyssen-Bornemisza

 

"El Thyssen es un museo público, no es el museo de Tita". Guillermo Solana, el director artístico del centro de arte, se lamenta en una entrevista concedida a este periódico: "No hemos conseguido que la gente se haga a la idea de que este es un museo público". Aunque el centro de arte madrileño esté íntimamente ligado a Carmen Cervera, tanto el edificio como el grueso de la colección que exhibe el Museo Thyssen-Bornemisza, que cumple ahora 25 años, pertenecen al Estado español. Lo ha querido dejar bien claro el Ministerio de Cultura al otorgarle hace solo unas semanas una suerte de condecoración: el centro de arte pasa a llamarse Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, compartiendo apellido con el Reina Sofía y el Prado. 

¿Por qué, un cuarto de siglo después de su apertura, el Thyssen sigue siendo percibido como un espacio privado? Solana, que lo encabeza desde hace 12 años, culpa a "la magia del nombre" y a que "la baronesa tiene su colección en depósito aquí". Es esto último lo que ha copado en los últimos meses la información sobre el museo. El grueso de la colección permanente del museo está constituido por las 775 obras que el Gobierno, por entonces socialista, compró al barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza en 1993. Pero, desde 2004, el museo exhibe también parte de las 429 obras que constituyen la colección Carmen Thyssen-Bornemisza, viuda del mecenas y también aficionada al arte. Se trata de un préstamo gratuito al Estado, que se encarga de conservarlo durante ese tiempo. Y es este acuerdo de cesión el que se renegocia actualmente, después de una tercera prórroga que expira el 31 de diciembre.

Pero este no es el único motivo. Lo cierto es que el Thyssen es un museo público sui generis desde su nacimiento. Por sus orígenes como colección privada, puede compararse con el Museo Calouste Gulbenkian de Lisboa, el Museo Getty o el propio Guggenheim de Bilbao. Pero su titularidad es pública, y la fundación que lo gestiona está sometida a control estatal. De hecho, el Tribunal de Cuentas puede tirarle de las orejas, y lo ha hecho: en su último informe, que fiscalizaba las cuentas de 2013, el organismo reprochaba entre otras cosas que se hubieran prestado en ese año un 20% de las obras de la colección de la baronesa, cuando el máximo era de un 10%, y encontraba algunas discrepancias en los complementos salariales. Cuestiones que Evelio Acevedo, director gerente del museo, consideraba "de procedimiento" y "nada grave". 

González contra Thatcher

El Thyssen ocupó en 2016 el puesto 63 entre los 100 museos más frecuentados del mundo, con 1.040.000 visitantes (40.000 menos que la Tate Britain). Su nacimiento fue todo un acontecimiento allá por 1988. A final de año, el entonces ministro de Cultura, Jorge Semprún, lograba cerrar el acuerdo: el barón Thyssen-Bornemisza accedía a prestar su colección al Estado español durante nueve años y seis meses, recibiendo a cambio un canon de 600 millones de pesetas anuales (3,6 millones de euros). Era, ciertamente, una fórmula extraña: el Estado se ofrecía a pagar un alquiler y dotaba con 6.000 millones de pesetas (36 millones de euros) a la fundación que se encargaría de su gestión para que acondicionara el palacio de Villahermosa, un edificio del siglo XIX que el Gobierno cedía también para acoger la colección. Aparentemente, un regalo para los Thyssen —y algo similar a lo que quiere Carmen Cervera para su colección, pero vayamos por partes.

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humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

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