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Leer, tan viejo como la vida

No creo que sea exagerado afirmar que la lectura es connatural a todo lo viviente. Todo lo que vive lee, en alguna medida, su contexto

2017-10-13 23:24:03

No somos el único animal con capacidad simbólica, pero somos el animal que ha convertido el símbolo y el desciframiento del medio en una cultura

Juan Malpartida, infoLibre, 29/09/2017   

Este ensayo pertenece a Margen interno, recopilación de ensayos y semblanzas de Juan Malpartida que acaba de editar el sello Fórcola.

La pasión de la lectura tiene su reverso: la lectura de una pasión. No creo que sea exagerado afirmar que la lectura es connatural a todo lo viviente. Sin duda esta afirmación se apoya en una extrapolación del darwinismo, recordando que todo lo que vive está inserto en un medio, de las primeras bacterias, no nucleadas, a las eucariotas, y desde éstas y los primeros microorganismos al resto del mundo vivo actual. La reacción efectuada por un organismo individual (unicelular, en este caso), armado de una pared que le otorga identidad, es un acto de lectura. Todo lo que vive lee, en alguna medida, su contexto. El medio es un contexto, un tejido de relaciones del que forma parte cualquier identidad que pretende permanecer y perpetuarse. La bacteria que reacciona ante un tipo de peligro y se agrupa con otras para defenderse, hace una lectura (sin duda inconsciente, como la mayoría de las lecturas) que unos 3.800 millones de años después adopta, en la especie Homo sapiens, la forma conceptual de "bueno" y "malo". Es evidente que la naturaleza no es un lenguaje en el sentido en que lo es la escritura egipcia, la protocuneiforme sumeria y cretense, y el resto de los sistemas simbólicos modernos. Pero no creo que sea descabellado ver en nuestra escritura silábica y su sintaxis un extremo maravillosamente complejo de la capacidad de todo lo que vive, así sea la prístina reacción ante el medio que he descrito de la bacteria, para otorgar, en función de la acentuación de cualquier identidad viva, significados.

No somos el único animal con capacidad simbólica, y se puede hablar con propiedad de la inteligencia animal y vegetal, pero somos el animal que ha convertido el símbolo y el desciframiento del medio en una cultura, en el sentido de que la transmitimos de unos a otros a través de nuestra convivencia (no a través de los genes). No heredamos lo sabido, aunque en alguna medida lo que hemos hecho culturalmente ha influido en nuestra naturaleza. El desarrollo de la capacidad verbal ha sido favorecido por la evolución porque ha sido positivo para la supervivencia de individuos y colectividades. Algunos antropólogos han visto en este desarrollo una de las posibles causas del predominio del Homo sapiens sobre el Neanderthal (que en alguna medida sobrevive en nuestros genes). Quien puede hablar, tiene posibilidades de transmitir conocimientos cruciales a la hora de encontrar comida, referirse a sucesos pasados o inminentes, refugiarse u organizar una batida.

Hablar es leer (comprender determinadas manifestaciones como significativas); y entender el habla es leer los sonidos, una ristra seguida de sílabas maravillosamente articulada, que inconscientemente separamos. La pasión de leer ya estaba implícita en la pasión de hablar, que es la de comprender lo que decimos. A diferencia del resto del mundo animal, el hombre, al hablar, lee lo que dice. ¿No es acaso este bucle el de la cultura humana? Por el acto de leer (no visual, mental) lo que digo, desembocamos, como especie, en la sintaxis. Y debido al significado de este bucle, nos salimos, en alguna medida, de la naturaleza. Ciertamente, no nos salimos del mundo, porque ese acto de lec- tura es un pliegue, no exento de misterio que, al autorreflejarse, se abre como conciencia de sí. La pasión de leer, cuyo motor es el impulso de comprender, si bien se apoya en la totalidad de lo vivo –quiero decir, que hay una compleja deriva evolutiva que lo explica– es la que nos define como humanos. Nada más racional que nuestro lenguaje; nada más sentimental.

*Juan Malpartida es escritor. Su último libro es Margen interno (Fórcola, 2017).

[Leer completo en infolibre.es]

 

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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