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Paraísos fiscales, en el corazón del capitalismo

La práctica legal de desviar dinero a paraísos fiscales es una práctica inherente al capitalismo financiero globalizado

2017-11-12 02:10:57

Romaric Godin (Mediapart), infoLibre, 10/11/2017

Un banco en el paraíso fiscal de Bahamas.

Apple, que deriva dos tercios de sus beneficios a Irlanda donde la compañía está prácticamente exenta del pagos de impuestos; Whirpol, que hace circular sus beneficios entre sus filiales offshores para reducir su fiscalidad a la mínima expresión; Nike, que ahorra mil millones de euros y que sólo paga el 2% en impuesto de sociedades vía los Países Bajos; Facebook, que lleva el grueso de sus beneficios a las Islas Caimán... Como siempre que se producen nuevas revelaciones sobre la magnitud de los fondos ocultos en paraísos fiscales y sobre la ingeniería financiera que los permiten, los Paradise Papers han provocado la indignación de los responsables políticos franceses y europeos. Y, sin embargo, pese a las aparentes buenas voluntades y el anuncio de diferentes medidas que se pregonan regularmente, el fenómeno de los paraísos fiscales no decae. Y no es para menos: forma parte del sistema económico mundial nacido del cuestionamiento, hace 40 años, del modelo de posguerra.

La magnitud del fenómeno impide justificar la idea de que es la única “deriva” del sistema. En realidad, es imposible encontrar una multinacional que no disponga de filiales offshore y, a día de hoy, gran parte de las pymes de los países desarrollados y también de los países en vía de desarrollo están afectados. Le Monde publica las estimaciones de Gabriel Zucman, economista de la Universidad de Berkeley. Según los cálculos de Zucman, cada año los Estados dejan de ingresar 350.000 millones de euros en impuestos, es decir, el 0,5% de la riqueza creada anualmente en el mundo. En su obra, publicada el año pasado, La Richesse cachée des nations, Zucman afirma que la riqueza depositada en paraísos fiscales asciende a 7,9 billones de euros, es decir, el 8% de la riqueza financiera mundial.

Estos cálculos pueden quedarse cortos. Otras estimaciones consideran que el montante es mayor. Así, para la ONG británica Tax Justice Network, el dinero depositado en paraísos fiscales ronda entre los 21 y los 34 billones de dólares (entre 18,2 y 29,4 billones de euros). El flujo oscilaría entre 1 billón y 1,6 billones de dólares (entre 865.000 millones y 1,384 billones), es decir, el 2,1% del PIB mundial. Las definiciones de nociones como evasión fiscal y  paraíso fiscal son importantes en estas diferencias, pero las cifras son, en cualquier caso, muy importantes porque no se trata de datos aislados.

Tomemos como ejemplo los cálculos de Gabriel Zucman, según los cuales, cada año, Francia deja de ingresar 20.000 millones de euros, es decir el 1% del PIB. Esta cifra representa el 25% del déficit público francés y cuatro veces el déficit de la Seguridad Social. De modo que, estos fondos deben tomarse prestados, lo que aumentará el peso de la deuda y tendrá un peso mayor sobre los déficits futuros (y el efecto de bola de nieve de los intereses que se han de abonar, aunque sean modestos nominalmente, es importante). La otra opción es reducir el gasto o aumentar la carga fiscal que sufren aquéllos que no pueden evadir el pago. En los dos casos, la actividad se resiente ya que la crisis nos ha recordado la existencia de multiplicadores presupuestarios. Ese 1% del PIB afecta a la actividad actual y a la actividad futura. Y, cada año más, ya que pese a los anuncios, el fenómeno lejos de debilitarse se refuerza.

Sistemáticamente, este dinero que deja de entrar en las arcas públicas aumenta las desigualdades. Los más ricos y las empresas consiguen sacar provecho a la evasión y a la optimización fiscales, mientras que los bolsillos más modestos y las clases medias no pueden dejar de pagar impuestos; de ahí el aumento de las desigualdades. Pero el fenómeno también es indirecto: el flujo monetaria con dirección a los paraísos fiscales justifica también la tendencia a la baja de los gravámenes que se aplican a los más ricos y a las empresas. Y para financiar esas bajadas de impuestos, también hay que bajar las prestaciones sociales, es decir, reducir los servicios públicos, es decir subir los impuestos de los que los pagan. O, dicho de otro modo, de las clases medias. O las tres cosas.

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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