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Michael J. Fox en el cine

la cara sonriente del neoliberalismo

2017-12-05 09:13:03

Con su personaje de la teleserie Enredos de familia, que comenzó a emitirse hace 35 años,  se convirtió en símbolo de un cambio de época

El izquierdismo estaba demodé y lo moderno entonces era ser admirador de Ronald Reagan

IgnasiFranch, eldiario,es, 22/09/2017

'El secreto de mi éxito' es uno de los filmes más 'ochenteros' del actor canadiense

 

Hace 35 años, el 22 de septiembre de 1982, la cadena de televisión estadounidense NBC emitió el primer capítulo de la telecomedia Enredos de familia. En apenas unos minutos, sus creadores establecían el núcleo cómico de la serie: las fricciones políticas, siempre resueltas de manera amable, entre unos padres criados en tiempos de la contracultura y unos hijos adolescentes que apoyaban a Ronald Reagan.

El personaje interpretado por Michael J. Fox se convirtió en símbolo de un cambio de época. Alex Keaton era un adolescente republicano, ocurrente y decidido, algo duro pero encantador en el fondo. Ser de izquierdas pasaba a ser anticuado: lo moderno era querer ser un broker de bolsa o un ejecutivo agresivo que, además, podía sonreír con encanto juvenil.

En su quinta temporada, Enredos de familia rozó los treinta millones de espectadores. Su protagonista se convirtió también en estrella cinematográfica gracias a Regreso al futuro. MartyMcFly llevaba bambas Nike, bebía Pepsi y protagonizaba una película que sugería que había que dar un puñetazo a tiempo para no convertirse en un perdedor. La recompensa por golpear al acosador (y evitar una agresión sexual) era un éxito económico sin costes. Al final del primer filme, Marty era la misma persona, con la misma novia, el mismo amigo mad doctor y la misma casa (mejor decorada), pero con padres más adinerados.

Durante alrededor de una década, Fox fue una estrella. Quiso probar con papeles más dramáticos (editor cocainómano en Noches de neón, soldado desplazado a Vietnam en Corazones de acero), pero encontró un nicho en la comedia blanquísima dirigida a un público familiar. De manera involuntaria, acabó convertido en una especie de rostro sonriente del neoliberalismo. A medida que se alejaban los agresivos años ochenta, sus obras hablaron del amor y la familia como frenos a la ambición desatada, siempre sin salir de la lógica individualista.

El secreto de mi éxito (1987)

Un chaval de Kansas se ha formado para triunfar como ejecutivo, pero una absorción empresarial le lleva al paro en su primer día de trabajo. Su desdeñoso tío le emplea como repartidor de correo, pero la cultura yuppie no entiende de mejoras paulatinas, así que el protagonista usa un despacho vacío y su conocimiento de las comunicaciones de la empresa para procurarse un alter ego en forma de asesor cualificado. A partir de ahí empieza la locura, con Michael J. Fox ejerciendo de Superman de la gestión y Clark Kent del reparto de cartas.

Esta película de Herbert Ross es quizá la obra más genuinamente ochentera de la filmografía de Fox, con permiso de Regreso al futuro o Teenwolf. Tenemos montajes musicales de fascinación por la vida estresante del yuppie, que camina apresuradamente con el maletín en la mano y hace visitas rápidas al gimnasio. También se incluye la inevitable trama romántica, esta vez con elementos de vodevil pasado de vueltas (se crea un triángulo amoroso que acaba en pentágono).

El resultado es una comedia alocada y muy contradictoria. Su demencial final feliz, con una estrambótica alianza interclasista de banqueros, ricas herederas, arribistas simpáticos y trabajadores no cualificados es un ejemplo de las promesas de prosperidad universal del reaganismo. La desigualdad social no existe o no importa: tú puedes.

Doc Hollywood (1991)

El secreto de mi éxito puede considerarse un ejemplo cómico de los momentos álgidos de los ochenta. Doc Hollywood, por su parte, escenificaría el paso a una etapa de corrección de los excesos pasados. El estreno de Wall Street se anticipó a un crash del mercado bursátil, producido en otoño de 1987, que abrió fisuras en los sueños de prosperidad infinita a través de la financiarización de la economía. Si Están vivos fue una fantasía sobre el malestar de los desposeídos, Doc Hollywood es una comedia biempensante de ruptura conservadora con la cultura yuppie.

El protagonista es un joven médico a quien le surge la oportunidad de trabajar en una elitista clínica de cirugía plástica. Los primeros minutos de la película nos presentan a un chico arrogante que conduce un coche deportivo y toma atajos (tanto metafóricos como literales) hacia la prosperidad.

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