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"En el conflicto catalán han sobrado ignorancia y pasión"

A punto de cumplir 90 años, el filósofo Emilio Lledó confiesa su desazón ante la evolución política

2017-12-24 01:25:26

Tereixa Constenla, EL PAÍS,  26 OCT 2017

Emilio Lledó, en el salón de su domicilio en Madrid. Álvaro García

En los malos tiempos hay que celebrar las buenas historias. Empapado de la tristeza que impregna a parte de la sociedad en estos días, Emilio Lledó (Sevilla, 1927) es ese sabio de origen andaluz que inspiró el poema Filósofo en la noche al catalán Joan Margarit. Otros tiempos. Lledó es también ese profesor que sacó una cátedra en Madrid y renunció a ella porque los estudiantes catalanes recogieron firmas para rogarle que siguiera en Barcelona. Otros aires. Y es Lledó ese paseante capaz de arrancar una margarita en el Retiro, a pocos metros de su casa en Madrid, para trasplantarla a una maceta del balcón y apreciarla con la misma admiración que le despiertan Kant o Aristóteles.

Pregunta. Va a cumplir 90 años. ¿Cómo los recibe?

Respuesta. Con sorpresa. He sido un niño de la Guerra Civil, de la posguerra sobre todo, poco saludable y delgaducho. He estado en colas de una hora para comprar medio kilo de tomates. Que ese niño hambriento, que tenía bronquitis, haya llegado a los 90 años en un estado de salud relativamente bueno es una sorpresa.

P. ¿Cambia la percepción del tiempo con la edad?

Tratado del "desgénero"

En vísperas de su 90 cumpleaños —el 5 de noviembre—, Emilio Lledó ha releído El jardín de los frailes, de Manuel Azaña, para descubrir “la lucidez que encierra” y asombrarse de lo poco que se reedita. Son días en los que da vueltas a un nuevo concepto, “el desgénero humano”, para explicar aquello que le parece impropio de los humanos, ya sean los incendios en Galicia o la guerra en Siria. “Estoy escribiendo ahora sobre el sentido del bien y de los grandes conceptos que han creado los humanos, la justicia, la bondad, la lucha por la igualdad, la inteligencia, la racionalidad, el enriquecimiento de la sensibilidad con el arte”. “A pesar de que se diga que el hombre es un lobo para el hombre”, expone, “la sociedad funciona cuando hay un principio de bondad. Lo realmente importante es el hombre que tiene poder. Un político indecente es la ruina del país”.

R. Sí, cambia, y a veces te entra una pequeña veta de melancolía porque no quieres irte, pero entonces te asomas a los árboles y ves que las hojas se caen. Es el ritmo de la naturaleza, nace, florece y se agosta y, como por suerte somos hijos de la naturaleza, no tenemos más que asumir ese condicionamiento del tiempo.

P. ¿Cómo está la salud de la escuela pública?

R. No muy bien, pero hay que luchar por ella. Hay textos de la filosofía política griega que ya dicen que la enseñanza tiene que estar en manos del Estado. No tiene sentido que el dinero sea el que marque la diferencia. Es una injusticia. Me sorprendía que una conocidísima política hablase de la libertad de los padres para escoger el centro donde educar a sus hijos. ¿Qué libertad es esa? ¿Los trabajadores de Vallecas tienen libertad para mandar a sus hijos a los colegios de pago de las zonas ricas de Madrid?

P. En algunos institutos se han sustituido los libros por tabletas. ¿Ve riesgos en este camino hacia la dependencia de lo digital?

R. Vivimos en una época digital y es importante, pero puede haber una patología en todo esto. El libro, la lectura, necesita otro tipo de tiempo distinto de los fogonazos de los móviles, de las imágenes, y es insustituible, porque es la compañía, el diálogo continuo. Todos los libros de mi biblioteca son mi vida. Ese objeto fosforescente que te llega a los ojos y de pronto desaparece, no.

P. ¿Esperaba que después de 40 años de democracia pudiésemos llegar a esta situación?

R. Me ha sorprendido muchísimo, porque yo he estado de catedrático en Barcelona, desde el 67 hasta el 78 y, con la excepción feroz de una cosa personal, he sido muy feliz como profesor, me he sentido enormemente aceptado.

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Tabarnia se quiere parecer al resto de las autonomías españolas y organiza un casting para seleccionar a sus propios políticos corruptos.

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