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Energía y cambio climático

Retos para el 2018

2018-01-07 23:38:29

Sal&Roca Nueva Tribuna.es, 07 de Enero de 2018

La mitigación del cambio climático y la adaptación al mismo son retos clave del siglo XXI. En el núcleo de estos retos se encuentra la cuestión de la energía; más concretamente, nuestro consumo global de energía y nuestra dependencia de los combustibles fósiles. Para tener éxito en limitar el calentamiento global, el mundo necesita con urgencia utilizar la energía de manera eficiente, así como cambiar a fuentes de energía limpias para transportar, calentar o enfriar.

El clima global está cambiando, lo que entraña riesgos cada vez más graves para los ecosistemas, la salud humana y la economía. El reciente estudio de la AEMA «Climate change, impacts and vulnerability in Europe 2016» [El cambio climático: efectos y vulnerabilidad de Europa en 2016] indica que las regiones de Europa también se enfrentan a los efectos del cambio climático, como la subida del nivel del mar, el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, las inundaciones, las sequías y las tormentas.

Tales cambios se producen debido a las grandes cantidades de gases de efecto invernadero que emiten a la atmósfera muchas actividades humanas en todo el mundo, incluida, en particular, la quema de combustibles fósiles para la generación de electricidad, la calefacción y el transporte. Esta combustión también emite contaminantes atmosféricos que dañan el medio ambiente y la salud humana.

A escala mundial, el consumo de energía representa, con diferencia, la mayor fuente de emisiones de gases de efecto invernadero derivada de las actividades humanas. Alrededor de dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero mundiales están ligadas a la quema de combustibles fósiles que se usan para calefacción, electricidad, transporte e industria. También en Europa los procesos energéticos son los mayores responsables de la emisión de gases de efecto invernadero: un 78 % de las emisiones totales de la UE en 2015.

Nuestro uso y producción de energía tiene una enorme repercusión en el clima, y lo contrario es también cada vez más cierto. El cambio climático puede alterar nuestro potencial de producción de energía y nuestras necesidades energéticas. Por ejemplo, los cambios en el ciclo del agua influyen en la energía hidráulica, y el ascenso de las temperaturas aumenta la demanda de energía para los sistemas de refrigeración en verano, mientras que reduce la de los sistemas de calefacción en invierno.

En general, las emisiones de efecto invernadero relacionadas con la energía pueden reducirse de dos formas: apostando por fuentes de energía más limpias (por ejemplo, sustitución de los combustibles fósiles por fuentes renovables no combustibles) y/o reduciendo el consumo general de energía por medio del ahorro de energía y el aumento de la eficiencia energética (por ejemplo, mejoras del aislamiento de los hogares o utilización de medios de transporte más ecológicos).

No obstante, para evitar los peores efectos del cambio climático es necesario que estas medidas se adopten muy pronto, mucho antes de que se agoten las reservas de combustibles fósiles. Cuantos más gases de efecto invernadero emitamos a la atmósfera, menos probabilidad hay de que reduzcamos los efectos perjudiciales del cambio climático.

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Tabarnia se quiere parecer al resto de las autonomías españolas y organiza un casting para seleccionar a sus propios políticos corruptos.

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