PÁGINA EN OBRAS disculpen las molestias

23. EL ASUNTO CORRIENTE DE LA MUERTE DE MATEO (I)

Algo detrás de todo, por J. Francisco Fabián

2018-02-04 19:56:18

Había despertado cuando su mujer se levantó temprano para ir a la peluquería, haría de eso aproximadamente una hora y media. Sin prisa para salir de la cama, se había quedado pensando en que tal vez afuera estuviera nevando, como habían dicho que podría ser y, también, en el empate del Real Madrid la noche anterior. No le importaba demasiado el fútbol, pero se sentía mejor cuando el Madrid ganaba. También se le había ido un poco el pensamiento a la discusión que tuvo con un vecino del bloque en la última reunión de la comunidad, reprochándose no haberle dicho todo lo que debía a aquel imbécil que se oponía siempre a todo sin motivos reales. Como ese tipo de pensamientos en la cama le perturbaban, interrumpiendo la tranquilidad de recién jubilado que no tiene prisa real en una mañana cualquiera, decidió levantarse. De repente, le iluminó la mente un proyecto que llevaba varios días rondándole por la cabeza: comprarse una lijadora para restaurar muebles viejos de la casa de su madre, una tarea que le había dicho un antiguo compañero del trabajo que era ideal para ese momento de la vida, en el que hay que hacer algo pero sin ansiedades. Iría al centro comercial, de paso pondría gasolina al coche y pasaría la mañana viendo lijadoras con tranquilidad; miraría todos los modelos posibles y pediría consejo a los dependientes, todo eso que le gustaba hacer cada vez que se compraba algún instrumento. Con ello en lo más alto de los pensamientos, quedó atrás el empate del Real Madrid la noche anterior y la inquina hacia el vecino imbécil. Era más importante el proyecto de la lijadora que todo lo demás. De modo que retiró el edredón parcialmente y de un impulso, quedó sentado al borde de la cama en pijama azul de tela, mirando para el suelo en busca de las zapatillas de estar en casa. Se notó cansado. Pensó por un momento que tal vez se sintiera así porque no habría descansado lo suficiente durante la noche. Algo en ese sentido había oído hacía poco tiempo en un programa de radio sobre el sueño. Se puso en pie, echó los brazos hacia la espalda anudando las manos y los estiró con fuerza, bostezando. De pronto sintió durante un par de segundos como si algo dentro de la cabeza le diera vueltas despacio, como si se mareara levemente. Enseguida notó en las piernas debilidad. Por inercia, desunió las manos de la espalda y al volver los brazos a su posición natural, cayó desplomado de bruces sobre la cama. Después de rebotar contra el colchón quedó completamente inmóvil. La luz que entraba por la persiana en forma de líneas de huequecillos, iluminó parte de su cuerpo, porque a esa hora ya hacía sol. Pasaron dos minutos, luego diez y más tarde veinte y seguía completamente inmóvil. Estaba muerto. 

En ese momento, en la peluquería, a su mujer le lavaban el pelo mientras comentaba a una joven ayudante las diferencias entre la Navidad de antes y la de ahora.

Su hija más pequeña a esa hora iba en el autobús camino de la ciudad universitaria casi sin apartar la vista de la pantalla del teléfono móvil, como tantos otros jóvenes en el mismo autobús, fueran acompañados o solos como ella. De vez en cuando levantaba la cabeza y miraba por unos segundos las calles de Madrid, con esa vida estimulante en la que tanta gente desconocida va decididamente a alguna parte. Estaba enamorada como nunca antes desde hacía un mes y aunque fuera por la mañana, le mandaban y mandaba mensajes cariñosos que la hacían sonreír.

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