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El Código Penal no es blando

Juristas desmontan la falsa idea de que el actual Código Penal es blando.

2015-01-27 23:14:42

Juanma Romero infoLibre  25/01/2015

El ministro de Justicia, Rafael Catalá, durante el debate en el Congreso de la reforma del Código Penal. EFE

 

Las reformas propuestas del Código Penal del Gobierno del PP "beben político criminalmente de las peores fuentes del siglo XX, de las corrientes más reaccionarias, más autoritarias, de aportaciones en suma que han sido por todos denostadas". No son palabras de un partido de la oposición, aunque en su inmensa mayoría las compartan, sino que están escritas, negro sobre blanco, en un durísimo manifiesto firmado por 65 catedráticos de Derecho Penal de 33 universidades públicas españolas. Un rotundo alegato que pretende alzar la voz contra un texto que pretende "poner sordina a las protestas ciudadanas indignadas ante el constante recorte del Estado del bienestar", "pisotear" la dignidad humana. Un severo toque de atención que avisa de que el Ejecutivo, a través de sucesivos cambios legislativos, está alumbrando una "urdimbre jurídica extraordinariamente alejada de un sistema democrático atento a las libertades y derechos fundamentales, y mucho más próxima a un sistema autoritario" que se creía ya "olvidado". Los penalistas claman así contra una modificación del código de 1995 regresiva, una de las más duras de toda Europa, que supone un injustificado aumento de las penas de prisión que ya eran de suyo "demasiado altas". 

El PP ha hecho oídos sordos a la indignación y los reparos de expertos, partidos, juristas activistas de derechos humanos u órganos tan poco sospechosos como el Consejo de Estado, el Consejo General del Poder Judicial o el Consejo General de la Abogacía Española. Ha seguido adelante con una reforma que planteó el primer ministro de Justicia de Mariano Rajoy, Alberto Ruiz-Gallardón, y que ahora ha vuelto a impulsar, tras más de un año y cuatro meses de tramitación parlamentaria, el actual titular del departamento, Rafael Catalá. El pasado miércoles, el pleno del Congreso dio luz verde a una reforma que la oposición rechazó tanto por la forma –una "chapuza"– como por el fondo –"regresivo, populista e innecesario"–. El texto, que contó con los únicos votos a favor del PP y su socio, el diputado de Unión del Pueblo Navarro (UPN), está ya en el Senado. 

¿Por qué se ha calificado de "dura" la modificación? Para empezar, por su propuesta estrella, la prisión permanente revisable, una figura al que la oposición y los expertos despojan de eufemismos: supone la introducción de la cadena perpetua. El Gobierno se aferra a que ese castigo existe en otros países de la Unión Europea (Francia, Alemania, Reino Unido, Italia o Bélgica), pero esconde que fuera no está regulada de forma tan rígida como en España. Pero no es ese el único agujero del que adolece la reforma. Se critica por el endurecimiento de las penas –poco justificable en uno de los países con las tasas de criminalidad más bajas–, por la conversión de "faltas administrativas en delitos", por prescindir del modelo de seguridad pública, por restringir el derecho de manifestación y reunión (ayudándose de otro instrumento, la Ley de Seguridad Ciudadana, también en la Cámara alta) y por abandonar el principio de culpabilidad por el de peligrosidad. 

El cambio es "innecesario" porque, como convienen los expertos, la actual legislación penal ya es suficientemente dura. El castigo más duro se introdujo en 2003, al elevar a 40 años el límite máximo de cumplimiento efectivo de la pena. Límite que los socialistas no sólo mantuvieron sino que reforzaron en su reforma de 2010, al declarar imprescriptibles los delitos de terrorismo. Esta última modificación, no obstante, rebajó el castigo para los casos menos graves de narcotráfico y disminuyó de nueve a seis años la pena máxima de prisión para los transportistas de droga que no pertenezca a una organización, los llamados muleros. Ello permitió desahogar los centros penitenciarios españoles. 

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humor.corto

–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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