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10. LA (DICHOSA) FUENTE

Algo detrás de todo. Por J. Francisco Fabián.

2015-02-16 11:20:32

Yo creo que aquí empezó todo, ¡y qué pronto! Nos habíamos casado hacía apenas una hora en San Vicente y ella tenía el empeño de hacerse fotos por toda la muralla, ya que se considera muy abulense y la muralla es un símbolo de identidad que lleva muy dentro. Era sábado, hacia el calor típico de principios de junio y a mí me daba vergüenza que me viera la gente con aquel protagonismo en una mañana normal para ellos, de boda para mí. Pero hay que pasar por estas cosas, sobre todo cuando necesitas hacer caja para la hipoteca del piso.

Íbamos de camino a ese tour de fotos, con el fotógrafo detrás, deteniéndonos aquí y allá en una calle tan principal como la de San Segundo, cuando dijo (mi ya esposa) que había que hacerse una foto en la fuente del jardín. Ni siquiera al fotógrafo se le había ocurrido. Sabía que odio esa fuente desde que la pusieron, se lo he comentado muchas veces. ¡Tuvieron que poner ahí precisamente una fuente! (¡En los años noventa una fuente al lado de la muralla!… ¿con motivo de qué?, ¿para adornar qué?) Me pareció el empeño provinciano de algún concejal hortera que se lo había prometido a su señora, o lo mismo fue para hacerse el poderoso delante de algún cuñado en una comida de cumpleaños familiar. El caso es que se empeñó y la puso.

Lo sabía –la que era ya mi mujer– y se empeñó en que teníamos que retratarnos en la fuente. Tirando cada uno para lo que deseaba, yo decía que nos fuéramos de allí y ella que nos quedáramos, que sería un minuto nada más. El fotógrafo terminó por ponerse de su lado, sabía sin duda que es mejor agradar a las mujeres, porque da siempre más de sí. En un día como el de la propia boda los hombres cedemos lo que haga falta con tal de que la recién estrenada esposa no se vaya a poner de morros en el banquete, dé que hablar y lo que es peor: que le dure toda la luna de miel el enfado en Punta Cana. Aquello fue un mal presagio, demasiado temprano para no estar de acuerdo en algo.

Nos hicimos la foto, ¡cómo no! pero yo guardé rencor a su empeño, aunque no fuera algo en realidad tan trascendente. Hoy se lo guardo más aún (a la fuente), porque, siendo supersticioso como soy, pienso que una cosa tan negativa como esa (puñetera) fuente, fue el principio de un fracaso. Y nadie me va a quitar esa idea de la cabeza.

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—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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