estamos pensando...

Un estadio singular en Madrid

De hipódromos en mi generación sabemos generalmente poco. Algún recuerdo lejano de la QH –apuesta segura era Claudio Carudel-, imágenes de aparatosas caídas en el Grand National, películas americanas –El Golpe- y los estúpidos sombreros de Ascot. Más tarde vendría Chinasky, Henry Chinasky, Hank, el alter ego de Charles Bukowsky que en los noventa nos enseñó cómo pasar tremendas resacas apostando, intentando olvidarse de los golpes de una pelea la noche anterior.

2014-12-04 19:57:01

De hipódromos en mi generación sabemos generalmente poco. Algún recuerdo lejano de la QH –apuesta segura era Claudio Carudel-, imágenes de aparatosas caídas en el Grand National, películas americanas –El Golpe- y los estúpidos sombreros de Ascot. Más tarde vendría Chinasky, Henry Chinasky, Hank, el alter ego de Charles Bukowsky que en los noventa nos enseñó cómo pasar tremendas resacas apostando, intentando olvidarse de los golpes de una pelea la noche anterior.

No es un viaje lejano; no es de los que contaría un pedante en sociedad. De hecho,no hace falta hacer noche, maleta, ni casi prepararlo. El destino queda a poco más de 100 km, que se disfrutan subiendo el Puerto del León, entre pinares, entrando en la A-6 al bajar y continuando hacia Madrid hasta la salida 8. Efectivamente, el destino es el Hipódromo de la Zarzuela, que es Bien de Interés Cultural pese a ser muy desconocido como monumento.

Recomiendo la visita en día sin carreras, indispensablemente soleado, pues la luz es parte esencial para el disfrute de esta obra bien restaurada. Se podrán recorrer entonces tranquilamente sus tres blanquísimos graderíos separados, resguardados por las espectaculares viseras de hormigón laminado que Eduardo Torroja diseñase junto a C. Arniches y Martín Domínguez a mediados de la década de 1930 para un país que ni por asomo mostraba aquí la miseria que inmediatamente se le vendría encima. Torroja, ingeniero afecto al régimen que incluso le otorgó un marquesado, es probablemente el mayor exponente de la maestría en el uso del hormigón desde fechas tempranas y de la conjunción de técnica y estética, de ingeniería y arquitectura en la España de la primera mitad del siglo pasado. Anteriormente  había trabajado con otros arquitectos como Sánchez Arcas en el Hospital Clínico de Madrid, para el que diseñó la estructura de hormigón que cierra el anfiteatro docente o en el magnífico Mercado de Abastos de Algeciras (1933).

Raimundo Moreno Blanco

Comentarios

Escribe tu comentario

Su Comentario

Su Nombre

humor.corto

–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

>
Concurso de Micrrorrelatos Avilabierta

Lo último que hemos colgado

¿Quiénes somos? - Saliendo al paso - Aviso para navegantes - Contacto