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Entrevista a Laura Freixas

Laura Freixas: «En todo nacionalismo hay un sentimiento de superioridad y un racismo latente»

2015-03-12 19:05:52

Publicado por JelenaArsić en Jot Down

Sus libros son una ventana a la España de los años setenta, a los miedos, deseos y preguntas que uno se hace a los cuarenta años, al sector editorial de este país y, sobre todo, a algo muy importante para ella, a los motivos por los que ser escritora. Laura Freixas (Barcelona, 1958) lleva escribiendo y publicando desde hace casi treinta años y siempre ha tratado asuntos como la desigualdad que sufría y sufre la mujer y su mundo interior desde el punto de vista de la propia vida. En los últimos dos años, sus artículos publicados en La Vanguardia y en El País sobre el proceso soberanista de Cataluña han creado gran polémica.

Has escrito mucho sobre Cataluña durante los dos últimos años. ¿Cómo ves la situación en este momento? Está menos presente en los medios.

Yo creo que ha remitido. Como se suele decir: ha bajado el suflé. Por fin. No sé si será definitivo, espero que sí. En cualquier caso, creo que no va haber secesión por muchos motivos y uno de ellos, el principal, es que la mayoría de la población catalana no está convencida. A parte de otros obstáculos, como puede ser la Constitución. Porque, si hubiera una mayoría social clara, muy amplia y sostenida en el tiempo a favor de la independencia, se conseguiría, pero es que no la hay. Y yo me alegro.

Has querido estar en primera línea. En tus artículos has expresado tu opinión de forma clara y constante.

No es que haya querido, es que me siento obligada como ciudadana a expresarme sobre un tema tan grave sobre el que sí tengo opinión. Porque hay otros temas también muy importantes sobre los que no tengo tanta opinión o no me siento autorizada a escribir. Pero no me lo he planteado como una cuestión de conveniencia.

Además, es que es algo visceral. Porque no soy en absoluto patriota, ni nacionalista. Para mí la nación es un marco histórico heredado no especialmente importante y me parece bien que se vayan borrando las fronteras, como hemos hecho en la UE, en aras de unos principios, de unos ideales que para mí son más importantes que el sentimiento nacional. Para mí es más importante la justicia, la igualdad y la libertad que la pertenencia a una nación. Eso es un motivo.

El otro motivo es mi origen, pertenezco a varias naciones; es por mi historia, por mis circunstancias, que además no son nada excepcionales, son muy compartidas y cada vez más. Soy catalana y como muchas y muchos catalanes, soy una catalana bilingüe y de familia medio catalana y medio castellana, lo cual, como digo, no es nada excepcional. Además, me casé con un francés y mis hijos, como puedes ver, son trilingües. También he vivido en Inglaterra, por lo tanto, no me siento especialmente catalana. Y me desagrada mucho que me empujen a sentirme, a identificarme con una de mis pertenencias nacionales en detrimento de otra. Porque aunque no me siento exactamente igual castellana que catalana, sí me siento catalana, castellana, madrileña y mediterránea. En distintos grados, en el sentido de que me siento más mediterránea que gallega, por ejemplo, pero tengo todos esos sentimientos y me parece de un simplismo tremendo esa insistencia en una sola identidad nacional.

Y luego hay otro motivo. La principal injusticia que veo a mi alrededor es la que afecta a las mujeres, que es objetivamente muchísimo más grave que cualquier injusticia que pueda afectar a los catalanes. Me parece flagrante, indiscutible. A finales del año pasado puse un tuit diciendo «España en 2014, setenta mujeres asesinadas por machistas, pero catalanes asesinados por españolistas no hay. Entonces, ¿dónde está la prioridad?». Si hay que luchar por algo, me parece evidente que por lo que hay que luchar es para remediar esas injusticias.

Ahora con las balanzas fiscales, que son uno de los grandes argumentos, hemos pasado de lo metafísico a lo material y cuantificable. Se discute si hay una injusticia contra los catalanes que se materializa, se concreta en las balanzas fiscales. He leído argumentos de unos y de otros y, además, mi compañero actual es economista y especialista precisamente en temas territoriales. Y sé que no es una cosa fácil, no son datos evidentes, es un asunto muy discutible, muy matizable. En cambio, nadie discute por ejemplo que las pensiones de jubilación de las mujeres españolas son inferiores en un 38% a las de los hombres. Por esa causa parece que nadie se mueve ni quiere hacer ninguna revolución. A mí me parece incomprensible y me da mucha rabia que se susciten tantas pasiones, se canalicen tantas energías y se dediquen tantos recursos a remediar una injusticia muy discutible cuando se preocupan mucho menos por una injusticia indiscutible.

Y por último, me parece que en todo nacionalismo hay un sentimiento de superioridad y un racismo latente que no puedo aceptar. Por ejemplo, está de moda entre ciertos sectores independentistas llamar a España «Españistán» y eso no lo puedo aceptar. Me parece una broma muy divertida pero en el fondo lo que hay es un desprecio al otro que puede llegar muy lejos.

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—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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