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Teresa de Jesús, más allá de la mística

Una muestra en la Biblioteca Nacional recorre la vida y la obra de la autora, nacida en 1515. A Teresa de Jesús se la venera mucho y se la lee poco. Hay huellas de lo primero en el millar de conventos de su orden (carmelitas descalzas) abiertos por todo el planeta y en el despiece de su cuerpo, casi también planetario.

2015-03-13 13:20:56

TEREIXA CONSTENLA Madrid 11 MAR 2015 - 00:13 CET

A Teresa de Jesús (Ávila, 1515-Alba de Tormes, 1582) se la venera mucho y se la lee poco. Hay huellas de lo primero en el millar de conventos de su orden (carmelitas descalzas) abiertos por todo el planeta y en el despiece de su cuerpo, casi también planetario.

Sus restos viajaron de Alba de Tormes (el corazón: extirpado para comprobar si la flecha mística había dejado huella) a Roma (un pie), sin olvidar la mano que Franco acogió en su intimidad para incomodidad de las carmelitas de Ronda que, cada año, desde 1939 hasta 1975, le escribían dos cartas para preguntar cuándo les devolvería la reliquia. “Está totalmente dispersa. El día de la Resurrección final necesitará más tiempo que el resto”, ironiza Juan Dobado, director del Museo de San Juan de la Cruz, doctor en Historia del Arte y carmelita descalzo.

Pero Teresa de Cepeda y Ahumada fue también la autora de la primera autobiografía real escrita en lengua vulgar (Libro de la vida), una escritora autodidacta capaz de impresionar a un catedrático de la Universidad de Salamanca como fray Luis de León, que la admiró tanto que editó sus obras en el siglo XVI y se embarcó en la misión de escribir su biografía, una tarea inconclusa por su muerte, o fascinar a un joven San Juan de la Cruz, al que convence para refundar la orden. “No sabía bien latín, pero era una lectora voraz. Su madre leía a escondidas de su padre libros de caballerías y Teresa, también. Leía además libros de santos, quería hacerse martirizar como ellos, pero no hay que ver en esto una prematura vocación religiosa sino el afán de una niña de imitar a los personajes de las historias”, destaca Rosa Navarro, filóloga y catedrática de Literatura Española en la Universidad de Barcelona.

'Aparición de Cristo crucificado a santa Teresa de Jesús' (1629), de Alonso Cano. / MUSEO DEL PRADO

Juan Dobado y Rosa Navarro son los comisarios que han puesto en pieTeresa de Jesús. La prueba de la verdad, la exposición organizada por la Biblioteca Nacional de España y Acción Cultural Española, inaugurada ayer por los Reyes, con motivo del quinto centenario del nacimiento de la escritora. A través de 110 obras, que incluyen cuadros, manuscritos, cartas, esculturas y objetos personales usados por la religiosa como su tintero, los visitantes se podrán asomar a la sobresaliente personalidad de una mujer que hizo varias revoluciones a un tiempo: la de su congregación y la de las letras. En ambas buscó sencillez y cercanía. Dijo de ella Gerardo Diego: “Escribe no tanto como habla, sino como es”.

Por ambas fue examinada con lupa. Demasiadas osadías, que se añadían a unas cuantas impurezas (padre mercader y abuelo judío). Teresa de Jesús acabaría siendo la primera mujer nombrada Doctora de la Iglesia (1970), pero en su época debió bregar contra sus superiores para reformar la orden y contra la Inquisición para publicar su obra. “El Libro de la vida estuvo 12 años sin la autorización de la Inquisición”, detalla Rosa Navarro. “Al final ella es la que los vence a todos. Nadie recuerda a los inquisidores, pero su obra ha permanecido”, observa. “Es una mujer que tiene hoy mucha validez. En tiempos recios, como los de hoy, ella siguió adelante con su escritura con coraje y energía”, abunda Dobado.

En la exposición —hasta el 31 de mayo—, pueden verse documentos autógrafos de la escritora, como varias cartas (a Felipe II, a su hermana Juana de Ahumada y a damas mecenas), la primera y segunda redacción de Camino de perfección y los manuscritos originales de Libro de la vida y Libro de las fundaciones, cedidos por el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. “Dicen que escribía tan rápido como un notario”, aprecia la comisaria. Y es cierto que la caligrafía parece delatar un trazo apresurado, de alguien con muchos quehaceres y poco tiempo.

[Leer completo en cultura.elpais.com]

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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