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"La lucha de clases no desapareció, se quedó dormida"

En El viaje a pie de Johann Sebastian, Carlos Pardo consigue apresar la tristeza de la realidad que estamos viviendo y la descomposición de una sociedad levantada sobre falsos pilares

2015-04-17 00:17:44

Emma Rodríguez | Nueva Tribuna | 13/03/2015

Carlos Pardo / Fotografía: Karina Beltrán

lecturassumergidas.com | @lecturass | Por Emma Rodríguez | En El viaje a pie de Johann Sebastian Carlos Pardo consigue apresar la tristeza de la realidad que estamos viviendo y la descomposición de una sociedad levantada sobre falsos pilares. Lo hace a partir del deterioro de una familia, a través de las relaciones entre unos padres y sus hijos en el momento en que los primeros envejecen y enferman y los segundos han de cuidarlos. Lo hace a partir de los conflictos que surgen entre los hermanos, preocupados por la falta de perspectivas, por la supervivencia, incapaces de dejar de lado el egoísmo. Es, desde el plano íntimo, desde lo que sucede de puertas adentro, en un hogar que podría ser cualquier hogar de clase media española, como el autor consigue trazar una lúcida radiografía de un país varado entre las maneras del pasado y, al mismo tiempo, asomado a los horizontes de una nueva construcción, de un nuevo discurso.

No estamos, sin embargo, para nada, ante una novela realista al uso. Lejos de hacer un retrato ajustado a las circunstancias del presente, lo que consigue el autor es reflejar, no tanto lo que sucede, lo que acontece, sino lo que sentimos y cómo nos sentimos en esas circunstancias. Por eso este viaje resulta doloroso, incómodo y al mismo tiempo estimulante. Por eso nos lleva lejos y nos aproxima a nuestras cercanías, a esos temores, inquietudes y enojos que laten en lo más hondo y que no siempre somos capaces de nombrar.

Carlos Pardo (Madrid, 1975), poeta antes que narrador, lector compulsivo y sujeto crítico y reflexivo por naturaleza, habla en primera persona de lo que de verdad conoce, su propia vida, sus experiencias familiares y generacionales, convencido de que el trayecto hacia el territorio de la biografía, del yo, es una vía idónea para llegar al nosotros, para captar las emociones, los deseos, las frustraciones colectivas.

- ¿Fuiste consciente al escribir la novela de que por ella estaba entrando la conflictividad de la calle, la sociedad, la política, los enojos y sinsabores de tanta gente en su día a día?

– Ahora mismo podemos hablar de una moda política, que yo percibo como ligera y leve en la literatura, y de un auge político en la sociedad que me parece muy interesante. Era consciente de todo esto cuando me puse a escribir esta novela que partía de mis propias preocupaciones, unas preocupaciones comunes a muchísima más gente. Lo que hago es narrar el proceso de decadencia, de renuncia, de unos personajes que viven en la sociedad española, en un país periférico del imperio. Quería analizar la situación de mi familia en este momento histórico concreto, sabiendo que cuanto más me acercara a mi familia, más allá de buenas y malas intenciones, iba a ser capaz de contar esta sociedad sin necesidad de insistir en ello de manera explícita. Y ahí, aunque pueda resultar un tópico, en lo más íntimo, es donde acabamos encontrando lo universal. Esa ha sido siempre la aspiración de la poesía.

- ¿Qué supuso para ti enfrentarte, destapar, las circunstancias familiares? ¿Desde que posición, desde qué actitud, decidiste mirar?

– Tuve claro desde un primer momento que lo que me interesaba no era hacer una novela convencional, que adoptase las distancias clásicas, tantas veces normalizadoras, de la ficción, sino una novela capaz de pisar el terreno de lo emocional, de lo sentimental. Para ello tenía que dejar de lado el pudor, la vergüenza, algo que no es muy frecuente en la literatura española. Es lógico que no se quiera aceptar el fracaso, pero asumirlo era el único modo de contar lo que quería contar. ¿Desde qué ángulo? Pues desde la construcción de mí mismo, desde la sinceridad a la hora de narrar un mundo que no es nada heroico. Creo que precisamente por eso, por esa sinceridad, tanta gente se siente reconocida.

[Leer completo en la revista cultural LECTURASSUMERGIDAS.COM]

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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