estamos pensando...

Lentes eternas: los ojos del rock

Jim Marshall, el fotógrafo del rock and roll

2015-03-24 02:48:11

Publicado por Emilia Laura Arias Domínguez, Jot Down,  21-03-2015

Foto cortesía de Jim Marshall / Morrison Hotel Gallery

Año 2015, en un concierto miles de fotógrafos se agolpan para disparar en el foso preparado para ellos. Seguramente tengan café y algún canapé a mano en una sala de prensa. Eso en el mejor de los casos, claro. ¿Ha muerto el Rock? Más allá del foso, una marea de teléfonos inteligentes se alza al cielo. Sus flashes, como pequeñas luciérnagas cegadoras, nos recuerdan dos cosas: La primera es que las fotos ya nunca serán eternas, todo el mundo tendrá la misma en alguna red social antes de que termine la primera canción. La segunda lección es que ya nada parece eterno.

Hay imágenes que saltan del papel o de la pantalla. Cicatrizan en el alma y se amarran a la historia. Forman parte de nuestro álbum personal como si hubiéramos estado allí. Queremos estar allí.

Bob Dylan juega con un neumático en las calles de Nueva York en 1963, Johnny Cash saca con rabia el dedo corazón en un concierto en la cárcel de San Quintín en 1969, Jimi Hendrix nace como un profeta de fuego en el Festival de Monterrey de 1967, Janis Joplin bebe de una petaca en plena cumbre de su creatividad cósmica, es 1968… Todas estas escenas nacen en una cámara Leica que manejaba Jim Marshall, cámara a la que siempre fue fiel, nunca usó otra marca desde que se hizo con su M2 en 1959. Le acompañó en sus viajes, en todos los sentidos. Con justicia, Marshall recibe el sobrenombre de «el fotógrafo del rock and roll».

Se implicó mucho más de lo que el oficio de «fotero» requería. Si los músicos se drogaban, él se drogaba como ellos; si bebían hasta el colapso, él llenaba su vaso otra vez. Supo capturar el alma de aquellos tiempos, supo atrapar en dos dimensiones la irreductible magia de un momento y una música irrepetibles.

¿Cómo podía hacer fotos tan fantásticas en ese estado? «¿Qué quieres que te responda? Tengo mucha suerte de estar donde estoy. Puedo entrar donde casi nadie entra. Esto nunca ha sido un  trabajo: es mi vida», respondía él a esta pregunta.

Todo empezó en Chicago en 1962. Marshall se encontró a Coltrane en plena calle. El músico le preguntó la dirección de un club donde debía tocar. «Te acompaño hasta la puerta si me dejas hacerte unos retratos», contestó Marshall, que vendió aquellas fotos, se hizo colega del músico y pronto estaba trabajando para otros músicos de jazz, entre ellos Miles Davis.

Su carrera empezó por casualidad pero creció como un gran riff de guitarra hasta que se convirtió en el fotógrafo imprescindible. Su reconocimiento llegó a tal punto que fue el único fotógrafo acreditado en el concierto de despedida de los Beatles. Instalado en San Francisco, Marshall fue una figura clave en cualquier evento musical y también el fotógrafo oficial del Festival de Woodstock, la ceremonia de ceremonias.

Exigía estar donde estuvieran los artistas, allí donde se gestaban las canciones, las bromas, los colapsos y la magia. «No quiero peludos dando la tabarra, ni maquilladores…». Esas, y no grandes tarifas, eran sus condiciones. «He trabajado duro, pero esto no es un trabajo. Siempre lo pasé muy bien». Así, concierto a concierto y camerino a camerino se ganó la confianza de The Doors, The Who, Led Zeppelin, Judy Collins y Buffalo Springfield, entre otros. De aquellas arenas, estas fotos.

Marshall murió el 24 de marzo de 2010, mientras dormía en un hotel, como algunas de las personas que le acompañaron en sus noches de rock.

[Leer completo en jotdown.es]

Comentarios

Escribe tu comentario

Su Comentario

Su Nombre

humor.corto

—¿Nos hacemos unas vacaciones pagadas, alcalde? —Vale, Héctor, a Cataluña. Me han hablado de una colección Bassat. —Que venga el gerente de Lienzo Norte y entre los tres seleccionamos las obras.

>
Concurso de Micrrorrelatos Avilabierta

Lo último que hemos colgado

¿Quiénes somos? - Saliendo al paso - Aviso para navegantes - Contacto