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El enemigo en casa (-I-)

¿A quién puede beneficiar entonces en nuestra ciudad la ampliación de horarios?.... La respuesta no es difícil: exclusivamente al Centro comercial El Bulevar.

2014-11-19 00:57:18

Parte (-I-)

Soleada tarde de sábado en enero. Agradable temperatura y temporada de rebajas. Todo un lujo para esta fría ciudad. Pese a ello, las calles están desiertas. Recorro el centro buscando alguna ganga; pero, para mi sorpresa,… las tiendas están cerradas.

Todas no; aunque con muy pocos clientes, están abiertas las franquicias. Desisto en mi empeño y decido rematar la tarde en el cine. El aparcamiento de El Bulevar está al completo. Parece que todos los abulenses estén allí y me veo obligado a aparcar en una manzana próxima. Vienen a mi cabeza recuerdos de hace unos años, cuando en Ávila disfrutábamos de varios cines. Acudíamos a pie y después… ¡a tomar un vinito para comentar la película!

Ocurría esto por los mismos días en que nuestro Ayuntamiento solicitaba a la Junta de Castilla y León la liberalización de los horarios comerciales atendiendo al carácter histórico y patrimonial de nuestra ciudad. Esta solicitud, según se argumentaba, contaba con el apoyo de la Camara de Comercio y la CONFAE. Dos meses después, el Consejo Regional de Comercio de la Junta ha dado luz verde a dicha solicitud.

Mi primera reacción como consumidor es pensar que ahora lo tendré mucho más fácil para comprar; es más, ¡ójala todas las tiendas abrieran las veinticuatro horas del día! Pero, acto seguido, la reflexión me lleva a un análisis más profundo de la cuestión.

El Gobierno Central es el que impulsa los aires liberalizadores (“el que más chifle, capador”, decía el pueblo). Las ciudades de nuestro entorno han sido cautas: Valladolid realizó la solicitud sólo para el centro de la ciudad, Arévalo la vinculó exclusivamente al tiempo de permanencia de la exposición “Las Edades del Hombre” y el resto de las ciudades no lo han hecho.

Me cuesta entender el dislate de nuestro Ayuntamiento, y más aún el de la Junta de Castilla y León en concederla. El Ayuntamiento justifica la ampliación de horarios en una mejor atención a nuestros visitantes y en atraer más turismo. El argumento es a todas luces absurdo, ya que el comercio que atiende al sector turístico ya abre los siete dias de la semana, mientras el resto, que ni siquiera abre la tarde del sábado, menos lo va a hacer en domingo. Y esto es lógico, pues es absurdo pensar que un turista vaya a cargar todo el día con algo que puede comprar a su regreso en cualquier comercio de su ciudad de origen.

Si esta medida se limitara al casco histórico, quizas favorecería injustamente a dicho comercio frente al del resto de la ciudad. Pero, para rematar la faena, el Ayuntamiento ha solicitado que la ampliación de horarios se extienda a toda la ciudad, argumentando que el monasterio de Santo Tomas atrae muchos visitantes pese a quedar fuera del casco histórico.

¿Y qué podrán comprar nuestros visitantes en las inmediaciones de Santo Tomás?, me pregunto. Pues bien, he recorrido la zona un sábado por la tarde para desvelarles el misterio: frutas y verduras. ¡Sí, señores y señoras! Aunque todo el comercio estaba cerrado, una pequeña frutería rebelde permanecía abierta, casualmente vacía -tal vez no elegí la mejor hora-. Pero ¿es que abrirá esta pequeña frutería los domimgos para vender calabacines, repollos y acelgas al turista nipón?

CONFAE ya se ha desmarcado del apoyo al Ayuntamiento en este asunto. Ahora dicen sentirse engañados, pues la Corporación Municipal les habló de esta liberalización de horarios limitándola exclusivamente al casco histórico, mientras que en la solicitud final se ha hecho extensiva a toda la ciudad. Bien está su queja, pero es lamentable que saquen a relucir su desacuerdo dos meses después de que el Ayuntamiento hiciera público que esta solicitud sería extensiva a toda la ciudad, habiendo permanecido durante todo este tiempo apoyándola con su silencio.

Para analizar las ventajas de la libertad horaria, he intentado ponerme en el lado del empresario local necesitado de aumentar sus ingresos, pero llego a la conclusión de que esta medida no le favorece en nada sino que, más bien, cuanto más pequeño o familiar es el negocio, más perjudicado sale. El modelo de Madrid no nos sirve. Una tienda de la Calle Preciados llena de público cualquier sábado, sin duda aumentará sus ventas abriendo también el domingo. Pero Ávila no es Madrid y frente al bullicio de la multitud, los domingos nuestras calles sólo tienen el eco del vacío. (Ver parte-II)

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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