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El resurgimiento del nazismo en Europa: causas y consecuencias

El sentimiento de “nosotros” y “ellos” es el caldo de cultivo del nacionalismo de tipo excluyente, bases del nazismo (y su versión latina, el fascismo).

2015-05-01 00:58:14

Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra

Vicenç Navarro, nuevatrinuna.es,  27 de Abril de 2015

Las políticas neoliberales impuestas a la población por el establishment europeo (el Banco Central Europeo, el Consejo Europeo y la Comisión Europea) y los gobiernos de la Eurozona, hegemonizados por partidos de sensibilidad conservadora, liberal y supuestamente socialdemócrata (bajo el dominio de la coalición liderada por la canciller alemana) están creando una enorme inseguridad entre amplios sectores de las clases trabajadoras, que sienten en carne propia las consecuencias sumamente negativas de tales políticas. Las reformas laborales, iniciadas, entre otras, por las reformas del canciller alemán socialdemócrata Schröder, y seguidas por la mayoría de partidos gobernantes, han determinado un elevado desempleo, una baja ocupación y un notable deterioro del mercado laboral, con gran disminución de los salarios y, por lo tanto, de la capacidad adquisitiva de los trabajadores. Esta situación se ha hecho incluso menos tolerable por el desmantelamiento de la protección social y del Estado del Bienestar, contribuyendo a que incremente todavía más esta inseguridad económica y social que caracteriza la situación de amplios sectores de las clases populares.

La inseguridad se atribuye correctamente a las intervenciones públicas que sistemáticamente favorecen a grupos económicos y financieros, y que se justifican bajo el lema de que tales políticas son las únicas posibles. Tales intervenciones impopulares se presentan erróneamente como resultado de unos dictados de agentes externos al país, bien sean de la Troika, del gobierno alemán, o de las siempre presentes multinacionales (y aquí en Catalunya se incluye también a Madrid). La externalización de las responsabilidades es una de las características de la narrativa dominante, promovida por los partidos gobernantes.

No es, pues, sorprendente que este discurso cree una respuesta en el sentido opuesto, queriendo recuperar una identidad y una soberanía perdida en manos de poderes extranjeros, una recuperación que lleva a una llamada a la dignidad nacional frente a intereses foráneos y extranjeros y a sus aliados nacionales. Este sentimiento –como el mismo nacionalismo que genera- puede ser o no un movimiento positivo, pues puede significar la llamada a una soberanía e identidad perdida, que se presente erróneamente por la sabiduría convencional como consecuencia inevitable de la globalización. El nacionalismo, sin embargo, también puede convertirse en negativo cuando se incluye entre “los de fuera”, no sólo a los establishments políticos, financieros y mediáticos responsables de las políticas de austeridad, sino también a las poblaciones de estos u otros países, como son los inmigrantes, canalizando el enfado popular hacia ellos (sentimiento estimulado por el mundo empresarial, así como por aquellos establishments, pues consigue con ello dividir y, por lo tanto, debilitar a las clases populares). Este sentimiento de “nosotros” y “ellos” es el caldo de cultivo del nacionalismo de tipo excluyente, bases del nazismo (y su versión latina, el fascismo).

De ahí que la única respuesta a este indeseado riesgo sea que se dirija este enfado hacia los grupos gobernantes que impusieron aquellas políticas, con el establecimiento de alianzas entre las clases populares frente a sus gobernantes. Es, en otras palabras, el nacionalismo de tipo incluyente (opuesto al de tipo excluyente) que desea la suma de las diferentes comunidades nacionales frente a un adversario común, en el que se debe incluir al nacionalismo de tipo excluyente, que es utilizado por las élites gobernantes para perpetuar sus intereses, dividiendo así a las clases populares. La interpretación que promueve el establishment alemán de que la crisis humana griega es debido a una supuesta incapacidad de los griegos a ser disciplinados y a poder gobernar, traduce este nacionalismo excluyente que está estimulando en Alemania el desarrollo de nuevo del nazismo en aquel país. La versión del partido fundado por Le Pen, que ve al inmigrante como el enemigo, es otro ejemplo de este nazismo.

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