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Nuestra Caja, escuela de moralidad

Allá por 1878, en los documentos fundacionales de la Caja de Ahorros de Ávila, se proclamaba que esta institución tenía que ser “una verdadera escuela de moralidad”, subrayando que sus fines “son un poderoso elemento de moralización y buenos hábitos”.

2014-11-14 22:42:48

¡Qué dirían los padres fundadores si vieran qué entienden hoy por “moralidad” los máximos gestores de tan venerable institución! Hace unos días comparecía ante el juez como imputado el último Presidente de la Caja, un político del PP que se embolsó más de 200.000 al año por sentarse en un Consejo para el que, según sus propias declaraciones, no estaba cualificado. Y ayer (7-XII-2012) publicaba El Confidencial que el último Director General de nuestra Caja, un técnico de la casa, había pactado, cuando se produjo la fusión con Bankia, una indemnización de 6 millones de euros en caso de despido. El citado periódico digital añadía otros escandalosos datos procedentes de la documentación remitida por las Cajas afectadas al magistrado Fernando Andreu. Por ejemplo, que dicho ex Director General (José Manuel Espinosa, hoy recolocado en Bankia como flamante coordinador de Negocios y Relaciones Institucionales en Castilla-León, Asturias, Cantabria y Galicia) tenía garantizado “un complemento a la pensión de jubilación de la Seguridad Social que, sumado a ésta, le garantizaba seguir cobrando el 100% de su salario hasta su muerte, según el acuerdo suscrito en enero de 2008”. Conviene saber que tal salario se movía en estos niveles: 375.130 euros en 2007, 512.030 en 2008 (el año que comenzó la crisis, no para él, claro), 510.637 en 2009… No es de extrañar que este personaje en 2011 se negara a autorizar que se hicieran públicas sus retribuciones en Bankia ¿recuerdan?

Sabemos que lo ocurrido en nuestra Caja es un calco de lo que ha pasado en todas las demás. Hay responsables, personas con nombre y apellidos, que se han ciscado en los honorables principios con los que se fundaron estas instituciones que, hasta hace pocos años, constituían un tipo de banca que –con sus defectos y limitaciones– cumplían una encomiable función social. Precisamente por esto las Cajas siempre contaron con la adhesión de la mayor parte de la población, lo cual enfurecía a los banqueros convencionales que veían cómo más de la mitad del ahorro popular se les escapaba. Pero los banqueros, por fin y en muy pocos años, han encontrado la tecla que ha permitido que las Cajas se evaporaran. Esta tecla –no la única, claro– ha sido la avaricia de las personas que estaban al frente de ellas; la avaricia y también el convencimiento de que contaban con la comprensión y complicidad de numerosos cargos públicos.

¿Entienden ahora, vuesas mercedes, por qué centenares de trabajadores de Caja Ávila se irán a la calle, por qué la Obra Social de la Caja se tambalea, por qué se ha estafado a decenas de abulenses con las “acciones preferentes” … por qué ¡¡oh!! no habrá nunca más calendario de la Caja en nuestras cocinas?

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humor.corto

–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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