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Detectives pillados con las manos en la masa

  • A diferencia de sus colegas de otras latitudes, los investigadores mediterráneos disfrutan y hacen disfrutar con la comida
  • En España, Plinio reivindicó la buena comida tradicional y Carvalho contribuyó a educar el paladar de sus lectores

2015-06-21 18:21:58

Eva Orúe, infoLibre,  20/06/2015

Retrato de Agatha Christie en una contraportada de uno de sus libros. FLICKR

 

Algunos sibaritas se relamen: el próximo mes de septiembre, con motivo del 125 aniversario del nacimiento de Agatha Christie, la cocina de la casa de Devon en la que vivió la Reina del Crimen albergará una celebración consistente en recrear las recetas de sus libros.

Se relamen, he escrito, y no acabo de decidir si lo hacen anticipando el sabor inigualable de unos platos que, a tenor de los comentarios de los personajes, eran muy sabrosos... o previendo que gracias a esos manjares podrán por fin llevar a cabo sus más pérfidos planes. Porque las que la escritora Anne Martinetti preparará son las recetas más adecuadas para ocultar veneno, el ingrediente que nadie espera.

Tal vez quienes estas líneas leen no sean devotos admiradores de los añosos señorita Marple y Hércules Poirot, pero si algo saben de los casos en los que se vieron envueltos, no ignorarán que las comidas más inocentes pueden esconder cantidades ingentes de sustancias mortales. Reconstruir esos platos letales es una buena manera de recordar lo mucho que doña Agatha contribuyó a un género en el que la comida tiene una presencia desigual.

En el origen fue el Bourbon

Manel Bonafacia, periodista apasionado por la novela negra y la cocina, asegura que en sus orígenes la relación entre ambas era escasa o nula. "Philip Marlowe (Raymond Chandler) o Sam Spade (Dashiel Hammett), beben más que comen, probablemente a imagen y semejanza de sus creadores." Montse Clavé, autora de un ineludible Manual Práctico de Cocina. Negra y criminal (Libros de Allende), coincide con él: "no sé si podemos llamar gastronomía a lo que comían y bebían personajes como Sam Spade o Lew Archer. Pero, evidentemente es un atributo más para definir a los personajes".

La excepción que confirma esa regla la señala Pau Arenós, periodista especializado en gastronomía: "supo de manteles Nero Wolfe, creación de Rex Stout. Wolfe, gran bebedor de cerveza, era obeso".

Si miramos al norte europeo, tan prolífico en criminales de toda ralea, Bonafacia los tiene por "directamente alcohólicos como el noruego Harry Hole (Jo Nesbo) o el escocés John Rebus (Ian Rankin), o que sobreviven a base de comida basura como el comisario sueco Kurt Wallander (Henning Mankell)".

En su opinión, la comida y la bebida entendidas como patrimonio cultural son cosa de investigadores más mediterráneos, empezando por el mítico comisario Maigret de Georges Simenon, que nos permite "dibujar un mapa de la cocina francesa". Y desde luego hay que destacar el papel que en este maridaje desempeñan "personajes todavía vigentes como el comisario Montalbano, a través del cual su autor, Andrea Camilleri, nos ha convertido a muchos en entusiastas de la cocina siciliana" o, añade Clavé, el francés Jean Claude Izzo y su creación, Fabio Montale, que como los anteriores, "han hecho que sus protagonistas disfruten con la comida y hagan participe con ello a sus lectores".

Porque desde luego disfrutar disfrutan. Otra cosa es cocinar... Los platos de Maigret estaban preparados por su esposa, "una alsaciana que cocinaba divinamente", apunta Clavé. Y Manel Bonafacia completa la lista: "Montalbano come casi cada día en una trattoria de Vigata y por la noche cena los deliciosos platos que le ha cocinado su asistenta Adelina. Y el comisario veneciano Brunetti [Roberta Pianaroinvita reunió en El sabor de Venecia las recetas de las serie de Donna Leon], como su homólogo griego Jaritos, en este sentido pertenecen más al pasado que al presente, ya que siempre tienen la comida en la mesa cuando llegan a casa, tanto si su mujer no trabaja (en el caso del griego), como si es una profesora universitaria de origen aristocrático, como en el caso del veneciano". Es decir, todos ellos se ajustan perfectamente a los tópicos machistas que seguramente tenemos en mente cuando pensamos en griegos o italianos, "ya que ni siquiera ―subraya Bonafacia― se ofrecen a fregar los platos".
 

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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