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Las buenas lecturas que nos resquebrajan certezas

“La mala literatura es aquella que pretende narcotizar al lector, reforzar sus prioridades y dogmas, sin modificar nada esencial. La buena literatura, en cambio, nos obliga a dudar de aquello que hasta aquel momento considerábamos inmutable”. Lo dice Eloy Tizón, y el autor lo corrobora, sobre todo después de leer la novela ‘La vida equivocada’, de Luisgé Martín.

2015-08-19 13:09:14

por Javier Morales, eldiario.es,  15.08.2015

El escritor Luisgé Martín.

Una de las mejores invitaciones a la lectura que he leído últimamente me la ha regalado Eloy Tizón: “No creo que exista ninguna obra narrativa del pasado o del presente que haya alcanzado la excelencia sin involucrar al lector”. Así comienza la arrebatadora columna que Tizón publicó en El Cultural el pasado 31 de julio. Tizón es uno de nuestros grandes narradores y un excelente y agudo lector, de modo que sabe de qué habla.

“Involucrar al lector no significa, como a veces se malinterpreta, caer en la tentación barata de adular sus gustos o confirmar sus rutinas mentales. Nada de eso; la mala literatura es aquella que pretende narcotizar al lector, moralizarlo, reforzar sus prioridades y dogmas, sin modificar nada esencial. La buena literatura, en cambio, nos obliga a dudar de aquello que hasta aquel momento considerábamos inmutable y sagrado”, sostiene Tizón.

Me vienen a la cabeza sus palabras mientras leo La vida equivocada (Anagrama), de Luisgé Martín (Madrid, 1962). Como pide Tizón a la buena literatura, tras devorar esta excelente y fascinante novela de Martín, uno sale arrebatado, lleno de dudas y con algunas certezas resquebrajadas. Aunque también, por qué no, narcotizado: lees la primera frase y ya no puedes parar. Martín es un estupendo narrador y nos embauca desde el principio. Da igual que la historia que nos cuenta Martín sea real o no porque hay verdad en ella, verdad literaria.

Bajo el telón de fondo de la España gris y sórdida de la posguerra, el fervor político y revolucionario de la Transición y la consolidación de la democracia, en un interesante juego entre la realidad y la ficción, La vida equivocada es una novela de grandes personajes y no cuenta una historia sino varias. Por un lado la de Max, un joven de una belleza inusual, a quien se supone que Luisgé Martín conoció en un taller literario en su época de estudiante. La belleza de Max, fugaz como la juventud y como la propia vida, será la cara y la cruz de este hombre, marcado por la temprana muerte de su padre. Max acabará encontrando en la literatura la única vía posible para compensar una existencia errática, vivida al borde del filo de la navaja. La otra historia es la de Elías, el padre de Max, y la de sus pasiones ocultas y su ambición desmedida, su hibris, que dirían los griegos, su deseo de trascender y el precio que ha de pagar por ello.

La historia de Elías, que en la novela adquiere una mayor envergadura y detalle, por momentos me resultó menos verosímil que la de Max. Al terminar, incluso llegué a pensar que quizás se podría hablar de dos novelas diferentes. Sin embargo, enseguida me di cuenta de mi error, de que no es así, de que el eco de Elías era fundamental para entender a Max y, sobre todo, para entender la otra historia, la del narrador, la del propio autor, la historia de todos nosotros, pues sostiene Martin que la vida, en cuanto que sentenciada por la muerte, es siempre un fracaso, un malentendido, una equivocación. La belleza, en sí misma un valor, puede consolar nuestra pesadumbre, pero no suplantar nuestra desdicha, como tampoco el arte o la literatura, pues al fin y al cabo la inmortalidad de una obra no la disfruta el autor sino sus lectores. La ambición, la muerte, el sexo sin límites como redención y catarsis, la venganza y el fracaso, son algunos de los temas que trata Martín, presentes en novelas anteriores.

Puede que la vida sea una equivocación, que ninguna de nuestras decisiones consiga solventar el malentendido, pero si ha de elegir un libro para este verano no errará si lee La vida equivocada. A mí, al menos, me consuela saber que la anunciada muerte de la novela se va a retrasar un tiempo.

¡Hasta septiembre!

Feliz verano.

[Tomado de elasombrario.com]

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humor.corto

–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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