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Borges Amordazado

Pablo Katchadjian podría ir a la cárcel por remezclar El Aleph al añadirle 5.600 palabras

2015-09-02 18:32:38

La viuda de Borges Maria Kodama saca a un escritor de la más absoluta oscuridad para llevarlo a los tribunales, reviviendo el sempiterno debate sobre la imposibilidad de la originalidad total en el arte

Marta Peirano, eldiario.es, 28/08/2015

Jorge Luis Borges, autor de 'El Aleph'

Los límites del homenaje son tan flexibles que, mientras los herederos de Stieg Larsson piden activamente que un extraño use los personajes del autor sueco para continuar su multimillonaria saga, hay otros que no pueden experimentar con la obra canónica del autor más experimental. Es el caso del argentino Pablo Katchadjian y su El Aleph engordado, donde el autor modifica el original borgiano de varias maneras, añadiendo 5.600 palabras a las 4.000 del cuento original.

Katchadjian tiene 36 años y dirige la Imprenta Argentina de Poesía. Es parte de la nueva narrativa argentina y ha escrito varias novelas pero no es exactamente famoso. O no lo era, hasta ahora. De El Aleph engordado se publicaron 300 copias en 2009. La obra que habría sido una nota al pie de página de libros más leídos si no fuera porque la viuda y heredera de Borges María Kodama le denunció por plagio en 2011.

Tras una serie de fallos en favor del escritor, Kodama consiguió en junio que la Cámara de Casación admitiera que “se ha editado, vendido o reproducido en una edición gráfica una obra publicada sin autorización de su autor o derechohabiente”. El juez dispuso un embargo de 80.000 pesos sobre sus bienes (unos 7.560 euros), pero más adelante dictó falta de mérito y ordenó que se acabara el peritaje antes de tomar otra decisión.

Las viudas negras de la propiedad intelectual

La escena literaria latinoamericana se ha volcado en bloque en favor de Katchadjian y contra Kodama, a la que muchos consideran una viuda negra de la propiedad intelectual. Este es el apelativo que reciben aquellos herederos que ejercen un control asfixiante sobre la obra de un autor. Casos famosos incluyen el de Stephen Joyce, nieto de James Joyce, pesadilla de biógrafos y famoso por prohibir que la ciudad de Dublín usara citas del Ulises en el primer gran aniversario de su creación.

Otros albaceas difíciles fueron el juguetón Dmitri Nabokov, hijo del autor de Lolita, cuyos permisos de cita eran cambiantes e idiosincráticos; o Valerie Eliot, segunda esposa de T.S. Eliot, que nunca llevó bien el interés de los biógrafos por la primera mujer del poeta británico. O su protegido Ted Hughes, viudo y ejecutor de la obra de la poeta Sylvia Plath. Hughes quemó el diario que Plath escribía cuando descubrió que Hughes se acostaba con la publicista Assia Wevill y le echó de casa porque "no quería que mis hijos lo leyeran". Lamentablemente, en ese momento escribió algunos de los mejores poemas en lengua inglesa y la ventana a su proceso de creación se quemó por la mano de la persona que debía protegerla. 

Kodama vs. Borges

Las intenciones de un albacea no son siempre celosas, egoístas o puramente económicas. El guardián literario también es responsable de mantener la integridad de la obra de un autor, a veces en detrimento de su comprensión, sólo porque los tiempos cambian y los autores muertos, no. Samuel Beckett no quería que hubiera mujeres en sus obras, y Valery Eliot no dejó que la mismísima Kate Bush usara el bellísimo monólogo final de Molly Bloom para hacer una canción.

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