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Los libros de texto no son una guía de vida

César Bona se ha colado este año entre los cincuenta candidatos de todo el mundo nominados al Global Teacher Prize, conocido como el "Premio Nobel de los profesores".

2015-09-10 01:34:52

Aunque tiene claro que volverá a las aulas, ha pedido una excedencia durante este próximo curso para seguir animando a profesores de toda España a fomentar la curiosidad y la creatividad de los alumnos. También colaborará con Aldeas Infantiles.

Ana Sánchez Borroy – Zaragoza, eldiario.es,05/09/2015

El profesor César Bona. Foto: Juan Manzanara

César Bona (Ainzón, Zaragoza, 1972) llega a nuestra cita con la moto del casco bajo el brazo. Es consciente de que atrapa la atención de los que le escuchan, sonríe todo el tiempo y contagia optimismo. No da importancia a que su protectora de animales tenga alcance internacional o al premio del Ministerio de Educación por su corto de cine mudo; lo que le enorgullece es que los niños de esos proyectos están luchando contra el maltrato animal y han conseguido que sus familias dejen de estar enfrentadas.

Aunque a veces se toma unos segundos para pensar sus respuestas, habla muy deprisa, saltando de un argumento a otro y recordando algo que añadir a lo apuntado antes. Da la impresión de que las ideas se le agolpan, de que se le ocurren continuamente proyectos para sus alumnos. De hecho, durante la breve sesión de fotos, aprovecha para pedirle un teléfono a alguien que podría participar. Ya está tramando algo.

Mucha gente habrá oído hablar de un zaragozano nominado al "premio Nobel de los profesores", pero quizá no todo el mundo sabe por qué, ¿cómo lo explicarías?

Estoy seguro de que habrá mucha gente que no lo sabrá. Yo no tengo nada de especial, solo me divierto en clase. Para mí, estar en clase diariamente es pasarlo muy bien, me siento afortunado estando con niños. Una profesora que estuvo conmigo haciendo sus prácticas me decía que cuando entraba en clase, me veía a mí y a los niños sonriendo. Ella, desde fuera, veía la magia de cosas que, para mí, son cotidianas en clase.

Sí me gusta educar a los niños para que sean seres comprometidos con el medio, con la sociedad, con lo que les rodea... Que intenten cambiar el mundo. Todos mis proyectos han ido en esa línea y han buscado estimular su esencia, que es la curiosidad y la creatividad.

¿Esto debería ser lo habitual en todas las clases?

Sí. Si yo tuviera una varita mágica, cambiaría algunas asignaturas en la Facultad de Educación. Falta educación emocional. Y también falta fomentar que los futuros maestros tengan madera de líderes frente a la sociedad, que no se limiten a meterse en la burbuja de las matemáticas o el inglés; ese modelo está obsoleto. Si los maestros son líderes y muestran a los niños cuántas cosas pueden hacer, los niños serán líderes también y tendrán un pensamiento crítico. Hay que enseñarles que ellos pueden dar un paso para cambiar las cosas. No son los adultos de dentro de unos años, ahora mismo pueden actuar, pueden contagiar con sus acciones y pueden ser ejemplo para miles de niños y para las personas que tienen alrededor.

Hace tiempo que voces con mucho prestigio como José Antonio Marina o Claudio Naranjo reclaman más interés por la educación emocional. ¿Por qué cuesta tanto introducirla en las aulas?

Supongo que por la inercia de quienes se encargan de diseñar los planes de estudios. O porque hace falta una mentalidad dispuesta a arriesgar un poco más. Parece obvio que somos emociones y, desde luego, no somos más conocimiento que emociones. Cuando cualquiera llega a su casa, lo que quiere es estar a gusto con las personas con las que vive.

[Leer completo en eldiario.es]

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humor.corto

–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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