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AMENÁBAR COMPETENTE, NO EXCEPCIONAL

Carlos Boyero: 'Regresión' es una película bien contada, pero que no me deja poso.

2015-09-28 17:45:24

Carlos Boyero EL PAÍS, 19 SEP 2015

Un fotograma de 'Regresión', de Alejandro Amenábar.

 

Alejandro Amenábar debe de tener cuarenta y pocos años y una filmografía limitada a seis películas, pero tengo la sensación de que es un director con el que estoy familiarizado desde hace infinito tiempo, que su cine es de toda la vida. Disponiendo de un notable crédito comercial y artístico, pudiendo rodar lo que quiera y en cualquier momento, aborda sus proyectos con calma. Y está claro que hace lo que le apetece, que no acepta encargos lujosos, que se involucra solo lo justo en la promoción publicitaria de sus películas, que no se tira el rollo, que va a su bola.

Siendo una persona discreta y educada, alguien que afortunadamente se comporta con normalidad aunque su obra esté asociada permanentemente al éxito, sabe que cada nueva película que dirige posee el aura de los acontecimientos, que se espera mucho de él, que independientemente de la temática que aborde y de que le salga mejor o peor siempre imprime su poderosa firma. Y en Regresión yo no percibo esa autoría.

Es una película bien contada, dotada de clima y tensión, que ves y escuchas con atención y en el caso de algunos espectadores con verdadero acojone, pero que en mi caso no me deja poso. Podría haberla creado cualquier director sólido y respetable del cine norteamericano. Lo cual me parece bien, pero sin huellas de ese concepto tan prestigiado (tal vez excesivamente) de la autoría, de reconocer la personalidad, el estilo narrativo, las obsesiones de su creador. No creyendo ni en Dios ni en Satanás, siento estremecimientos y mal rollo ante el cine (a condición de que sea bueno) protagonizado por el segundo y sus acólitos terrenales. No hace falta que estos sean perversos, sádicos y tenebrosos.

Los pintorescos y excéntricos viejecitos que vivían al lado de la pobre, violada y acorralada Rosemary en el siniestro edificio Dakota me siguen provocando escalofríos y la angustiosa imagen de esta mujer embarazada huyendo, sudando y suplicando ayuda por las calles de Nueva York en La semilla del diablo me provocan más miedo que el aquelarre más realista y feroz.

Amenábar no abusa del efectismo ni de los sustos (aunque tal vez le sobren planos de esos encapuchados que aparecen en las pesadillas), y te transmite la inquietud, la incertidumbre y el pavor en el que está inmerso un grupo de gente que investiga el mal, con el cerebro en estado de vértigo y la amenaza real o presunta que sienten. El demonio parece haberse instalado junto a su humano ejército en un pueblo en el que nunca ocurría nada extraordinario. Los monstruos existen o los crea la mente, el pánico, la histeria colectiva. Al frente de esa investigación está un policía atípico, tan vulnerable como cualquiera, tembloroso, alucinado, solo, muy creíble.

Hay espectadores que me cuentan que a los diez minutos ya saben la resolución del misterio. Y culpan a Amenábar. Bendita sea su perspicacia. Yo, que soy muy inocente, no puedo prever el desenlace. Regresión me entretiene y me desasosiega, algo que agradezco, pero se desvanecerá pronto de mi memoria. Algo que no me ocurre con Tesis y Mar adentro. También imagino que dispondrá de mucho público, como todo el cine de Amenábar. Tele 5 se preocupará de que nos encontremos con ella hasta en la sopa, el cine de terror dispone de numerosa demanda y el talento de Amenábar siempre ha sido incuestionable. Pero el estado de gracia es algo que viene y va. Y hablo de los más dotados.

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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