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Sentir el sentido

Los pioneros de la danza-teatro parten de la idea de que el movimiento es pensamiento y emoción, acción y expresión y, por tanto, toda acción todo movimiento es danza.

2015-10-07 23:32:11

Dos hombres contemplan, desde el patio de butacas, un extraño espectáculo: lo que se desarrolla en el escenario podría ser teatro si no fuera por la escasez de palabra o quizá es un espectáculo de danza -desde luego, no es ballet- en el que pueden alternar distintos tipos de música pero, también silencios y ruidos. La expresividad de los movimientos, las luces, los inusuales decorados, la plasticidad dramática de esos seres humanos y reales que actúan en el escenario van asombrando a nuestros dos espectadores, al tiempo que generan en ellos las raras sensaciones que intuimos en sus caras.

En lo que están viendo, no hay argumento, no les están contando ninguna historia concreta; lo que ven es una situación, una sucesión de situaciones que se pueden calificar de “abstractas” o -puestos en lo peor- de “sin sentido” pero nunca, “sin sentimiento” y prueba de ello es que, lenta y silenciosamente, uno de esos hombres, el mayor, comienza a llorar, mientras que el otro conmovido por la misma emoción no logra, no se atreve a reunirse con él en el llanto. Ambos han conseguido sentir lo que se les está comunicando. Esas lágrimas iniciales serán la ligazón de sus fundamentales trayectorias en el desarrollo argumental de la película “Hable con ella” (Almodovar, 2002).

En el escenario, ven ellos y vemos todos los espectadores un momento de una representación de danza-teatro, en concreto se trata de un fragmento de la obra emblemática en esta nueva forma artística: “Café Müller” de Pina Bausch, si no la creadora, sin duda la gran impulsora como bailarina y como coreógrafa de este nuevo lenguaje. La danza-teatro nace a comienzos del siglo XX en la cuna del expresionismo alemán. Los movimientos de vanguardia de esa época no se limitan a la pintura o la poesía, son todas las bellas artes las que intentan nuevas maneras, nuevos códigos que permitan cifrar en mensajes comunicables las vivencias experimentadas en el mundo lleno de tensiones prebélicas, de nuevos inventos y de las consecuencias y esperanzas que arrancan tanto del final de la primera guerra como de la toma del Palacio de Invierno.

Se ensaya con la ópera, se trata de salir del corsé del teatro decimonónico, la danza se despega de las fórmulas del ballet, huye tanto de sus equilibrios como de sus atuendos. Paulatinamente, la danza se dota de movimientos que agrandan y magnifican el leve gesto humano del que arrancan, al igual que los pintores expresionistas que consiguen que sus líneas y planos, colores y manchas compongan una obra no lejana del sonido o, incluso, del grito. Al fin, se trata de llegar, por encima de la anécdota argumental dirigida al pensamiento racional, a una inteligencia emocional donde se puedan encontrar aquellos sentimientos en los que coinciden artista y contemplador.

Los pioneros de la danza-teatro parten de la idea de que el movimiento es pensamiento y emoción, acción y expresión y, por tanto, toda acción todo movimiento es danza. Esta concepción de la danza se sitúa bastante lejos de los conceptos tradicionales; ahora, coreógrafos y bailarines manejan su propio cuerpo no para repetir pasos, sino para que el movimiento, el gesto saque de su interior las emociones que en esa situación le mueven y para que el conjunto de la escena con todos sus recursos teatrales hagan aflorar en la conciencia del espectador esas mismas emociones. Se trata de ahondar en el mundo interior de los personajes, de llevar al escenario, mediante lenguajes simbólicos, los más ocultos y estados del existir.

Los códigos artísticos nunca son fáciles y el de la danza-teatro tampoco lo es. Pues, se trata de lograr decir lo indecible, de expresar, de comunicar la maraña de lo emocional y, quizá, de lo subconsciente; para ello no valen las palabras o, al menos, las encontramos con frecuencia insuficientes. Se trata de sumar lenguajes, de dejarse llevar por nuevos caminos que nos acerquen a donde no pudieron llevarnos los viejos. A lo mejor, es imposible formular y expresar lo inefable para nuestra razón, pero habrá que agradecer el que podamos sentir y que lleguemos a emocionarnos con lo que no acabamos de entender o para lo que no tenemos palabras. Todas las artes han intentado siempre y de infinitas maneras este objetivo y, muy relevante en esta búsqueda, es el esfuerzo de los místicos por encontrar vías capaces de expresar su particular mundo.

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humor.corto

—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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