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PABLO IGLESIAS, UN PROMETEO DEL MONTÓN (I)

Un artículo de Mr. Water Closed

2015-10-20 23:07:28

Cómo saben los que han leído algo sobre mitología, Prometeo, un titán, robó el fuego a los dioses del Olimpo para entregárselo a los hombres y Zeus le castigó por ello.  El castigo consistió en encadenarlo a una roca eternamente de manera que  un águila le devoraba el hígado por la noche y se le regeneraba por el día.  No se andaban con chiquitas los dioses del Olimpo.

Prometeo representa, si se me permite el símil,  al “adelantado” de la clase, aquel que en un momento se erige líder del grupo para protestar frente al director en contra de las injusticias que puedan estarse cometiendo contra el pobre alumnado. Conduce pues a  levantarse en contra de la opresión y mostrar el camino para huir de sus yugos.

Pues bien, Pablo Iglesias, parecía haberse convertido en el nuevo Prometeo. Con su discurso fresco y caleidoscópico tenía encandilada a una buena parte de la población izquierdosa,  harta de languidecer ante las asfixiantes e ineficaces políticas  los partidos que Pablo y su partido catalogan como “Casta”.  Surge, entonces, el mesías o el clavo ardiendo al que se agarró la esperanza  de mucha gente. Sin abandonar mi propensión a la metáfora,  la realidad es que Pabló abrió una  formidable brecha en la frente de Goliat. Brecha que dejó ver el vacío que hay en el  cerebro del gigante de la política española,  pero claro, esa brecha había que llenarla, dotarla de contenido. Sin entrar en los pormenores, han sido varios los casos que han dificultado esa labor, pues en la  política como en la vida pesan más los hechos que las razones. Y es que la coexistencia entre el discurso pulcro y las acciones corruptas e indecentes parece ya una cuestión endémica en la política de la que ni el propio partido de nuestro nuevo Prometeo se ha podido librar.  En lo que respecta a su  discurso se ha vuelto plano, repetitivo y cada vez más en consonancia con el aburrimiento. Cuando escribo esta reflexión, estamos en el mes de Octubre de 2015. ¿Cree alguno de ustedes que en el programa electoral  de Podemos para diciembre aparecerá algún punto en el que, por ejemplo, se hable de erradicar las Diputaciones Provinciales o el Senado? Ustedes y yo sabemos que no. El senado nos cuesta unos cincuenta y tantos millones de  euros anuales, en las épocas de burbuja nos costaba sesenta millones. Las diputaciones provinciales veintidós mil millones de euros al año; es decir, la misma cantidad que nos dieron para ayudar a evitar el rescate de España. ¿Alguien sabe para qué sirve el senado?  Yo fui retrete en el mismísimo Congreso de los Diputados, y escuché a partidarios  de la  izquierda, de la derecha y  semipensionistas,  en privado, reconocer,  que no sirve para nada, otros dicen que sí sirve pero que “hay que dotarlo de contenido”. Para dotar de contenido a las Diputaciones Provinciales, por ejemplo, les han otorgado la capacidad de contratación laboral. Vamos, que si por dotar de contenido entienden hacer más concesiones y dar  más poder, al Senado  que le dejen   como está. ¿No creen? Pero sigamos con la coexistencia endémica entre los dichos y los hechos. Cuando al señor Ramón Espinar, a la sazón senador por Podemos en Castilla y León, le tocó jurar o prometer su cargo,  se negó a ejercitar el protocolo oficial y dijo lo siguiente: “Prometo para poner las instituciones al servicio de la gente y devolver al pueblo la capacidad de gobernarse a sí mismo”. (12:33 - 16 jul 2015)

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—Gracias a la automoción, Ávila prosperará por fin. —¡Qué bien, nos pondrán una fábrica nueva! —Qué va, creo llamarán Ávila a un nuevo modelo de coche.

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