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PABLO IGLESIAS, UN PROMETEO DEL MONTÓN (II)

Un artículo de Mr. Water Closed.

2015-10-20 22:56:11

A mí se me escapa algo o es que nos toman por tontos. Lo que uno espera de un partido político con el perfil de Podemos es que el Señor Espinar hubiera renunciado a su asiento y hubiera aprovechado la coyuntura para poner de manifiesto el insulto que supone mantener una institución como esa.  Ahora, eso sí, otros gestos gratuitos como por  ejemplo declinar  a la invitación de un acto presidido por el rey, que no falten.  Lo que colma la cisterna de mi aguante emocional e intelectual,  es que los mismos que renuncian  a invitaciones del rey o declinan su asistencia  a los desfiles de la Hispanidad , acepten, sin embargo ser partícipes de otro acto abominable como es formar parte del senado. Vamos, que a misa no voy porque estoy cojo pero al baile voy…poquito a poco.

Lo cierto es que Podemos cada vez puede menos. Empezó como un dragón que escupía  fuego contra  las malas hierbas y se ha convertido en  un animal invertebrado que repta entre ellas, y con una herida en el costado izquierdo por la que respira. Algunos avanzamos una agonía más o menos larga para este invertebrado. La confrontación entre la utopía exigente y  el pulso común de la vida exige de aquella  intelectos bien capacitados, convicciones profundas, y acciones decisivas. Nada más lejos de la realidad del actual Podemos. Podemos es un partido que parecía emerger del útero de la  utopía intelectual y laica, verdad?... Pues nada más “religioso” que la  escatológica profecía mesiánica, y nada más lejos de la utopía que la negación Nietzschiana  de sí mismo, y Podemos, está comenzando a negarse a sí mismo. Fuerzas colectivas sociales, asambleas, consejos ciudadanos, bases, bases, más bases, pero de las bases, de las anárquicas compulsiones soterrañas, de los  subyacentes peligros  también emergen las fuerzas autodestructivas. Sólo me resta decir que los nuevos Prometeos siempre son el mismo viejo Prometeo, su osadía, su victorias transitorias , sus eternas condenas, son siempre las mismas viejas estrategias del chantaje que pone fin a las aspiraciones del ideal.  Son necesarios, pero son tan necesarios como efímeros y decepcionantes. Suena cínico, pero es lo que hay.  ¿Qué? ¿Esperaban más  de un retrete. Adoro el cinismo.  Uno de mis cínicos preferidos es Oscar Wilde. El decía en “El marido ideal”: El pobre viejo lord Mortlake sólo tenía dos temas de conversación: su gota y su esposa. Nunca llegué a saber de cuál de las dos me estaba hablando.  Parafraseando al escritor Inglés:

Pablo Iglesias sólo tiene dos temas de conversación La Casta de los partidos consolidados y El Quijotismo de Podemos,  pero últimamente sólo veo un  Sancho Panza hambriento engullendo a  Don Quijote. Y vaticino  que cuando arremetan contra los molinos de las elecciones  sus aspas  les elevarán en el aire para lanzarlos contra el suelo de su decepción.

Pero , ¿quién soy yo, Pablo Iglesias,  para avanzar la dimensión de lo que habrá de acontecer luego, para disolver la norma civilizada de la esperanza humana? De todas modos, si algún día vienes a cagarte sobre mí,  te acogeré con cariño en mi brocal de loza, y  haré lo posible por  que  tus heces… a propósito de “heces” y a propósito de que esta tarde llueve sobre las calles y alguien ha dejado el ventanuco de los baños entreabierto y la lluvia me cala y me viene a la memoria estos versos del  poema “Heces” de  Buero Vallejo. Como retrete me resulta sugerente su título:

 Esta tarde llueve, como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.

(…)

Y otros pasan; y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti
en la abrupta arruga de mi hondo dolor.

Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no
tengo ganas de vivir, corazón!

Heces. Qué título tan escatológico para unos versos tan bellos.  Aunque nada más escatológico que la puerta giratoria que da paso a una central hidroeléctrica ¿verdad?  Y digo yo. ¿Por qué el subconsciente me habrá traído a estos versos?  No lo sé pero lo agradezco. Porque, quizás,  contra la mala política nos quepa sólo el  consuelo de la buena poesía.

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–Mira, papá, ¿qué es eso que hay en el suelo? –¡Cuidado! No te acerques que es peligroso. Es un libro.

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